25 jun. 2012

¿Por qué votará?

publicado en la Jornada Morelos el 25 de junio de 2012

Una elección es un procedimiento reconocido por reglas de una organización, bien sea un Estado, un club, una organización voluntaria o de cualquier otro tipo, en la que todos o algunos de sus miembros eligen a un número más reducido de personas para que desempeñen un cargo o cargos de autoridad en el seno de la organización, según Héctor Zamitiz en “Qué son las elecciones, Mito y rito de las urnas” (http://www.etcetera.com.mx/1999/351/hz351.html). Como tal, la primera función de las elecciones es proporcionar la oportunidad de una sucesión y transferencia del cargo pacíficas. También propone que las elecciones pueden considerarse como un reflejo de los cambios de opiniones y de concepciones sociales sobre la ciudadanía y la igualdad, y tienen un fuerte elemento mítico y ritual. La elección puede servir como una forma moralmente válida de interacción social, siempre que se pueda demostrar que la gente cree que es una parte integrante del proceso democrático.

El proceso de elegir entre varios candidatos a un puesto de elección popular, si queremos tomar una buena decisión, consiste en trazar el objetivo que se quiere conseguir, reunir toda la información relevante y tener en cuenta nuestras preferencias. Según Julio Carreto existen, entre otros, los siguientes criterios para tomar una decisión eficaz (http://uprointroadmon.blogspot.mx/): concentrarse en lo realmente importante; realizar el proceso de forma lógica y coherente; considerar tanto los elementos objetivos como los subjetivos y utilizar una estructura de pensamiento analítica e intuitiva; recoger la información necesaria para optar o elegir, y ser directos y flexibles antes, durante y después del proceso.

Se debe reconocer, en estas circunstancias, la imposibilidad de asimilar toda la información necesaria para adoptar la decisión más adecuada, lo que conduce a pensar que el tomar decisiones supone un proceso mental, que lleva en sí mismo responder a las siguientes preguntas: ¿qué hay que decidir?, ¿cuáles son las opciones posibles?, ¿cuáles son las ventajas e inconvenientes de cada alternativa?, ¿cuál es la mejor opción?, ¿es correcta la decisión? y, finalmente, ¿la decisión tomada producirá los resultados deseados?

Frente a una elección queremos que una de las características del candidato sea el liderazgo, entendido como la capacidad de establecer la dirección e influenciar y alinear a los demás hacia un mismo fin, motivándolos y comprometiéndolos hacia la acción y haciéndolos responsables por su desempeño. El estudio del liderazgo tiene muchas vertientes, incluyendo el estudio de los tipos o estilos de liderazgo (o la forma de autoridad), las características de comportamiento y personalidad de los líderes y la formación de los líderes, entre otros. Uno de los aspectos que más da de qué hablar es la necesidad que tienen las organizaciones de contar con líderes y gerentes. A tal efecto, diversos autores indican que “la función de gerencia trata con lo que la organización debería hacer, la de liderazgo con la motivación de la organización para lograr lo que debería hacer”, también que "los gerentes hacen las cosas bien, los líderes hacen lo correcto".

Se debe reconocer que la incertidumbre constituye un elemento importante en la toma de decisiones. W. H. Weiss (en “Guía Práctica para la Toma de Decisiones”, Editorial Noema, 1987) establece que la incertidumbre estriba en las consecuencias de los cursos de acción, ya que puede haber varios resultados para cada alternativa. Por ejemplo, el funcionario electo podría hacer un buen trabajo, hacer un mal trabajo o no hacer el trabajo en absoluto. Para empeorar las cosas, el resultado del funcionario electo depende de un sinnúmero de factores externos a sus capacidades y habilidades.

Los procesos de selección siempre me recuerdan un diálogo de la novela “Through the Looking-Glass” de Lewis Carroll:

Alicia: ¿Qué camino debería tomar?

Gato: Eso depende de adonde vas.

Alicia: ¡Pues no se a donde voy!

Gato: Entonces, ¡no importa el camino que elijas!
En Morelos, el próximo domingo, votaremos por Presidente de la República, Gobernador, Presidente Municipal, Senadores y Diputados federal y locales. Estamos saturados de información y de promesas. En mi opinión, la pregunta más importante que cada uno de nosotros debe contestar antes de tomar la decisión de por quien votar es: ¿cuál es el Estado de Morelos que queremos en veinte años? Usted, ¿ya sabe por qué, para qué y, al final, por quién votará?

18 jun. 2012

Cultura Científica y Democracia.

publicado en La Jornada Morelos el 19 de junio de 2012

La importancia de un incremento de la cultura científica popular se justificaba porque éste se traduce en un incremento de los recursos humanos que constituyen el potencial técnico e innovador del desarrollo tecnológico y, con él, de las capacidades industriales nacionales; en particular, el desarrollo industrial de base tecnológica. Sin embargo, la cultura científica popular ya no sólo se describe funcionalmente como la comprensión de conceptos y construcciones científicas que permiten a los ciudadanos leer una publicación cotidiana y entender en esencia los diversos argumentos que puedan estar enfrentados en controversias técnicas y científicas. Ahora, las circunstancias en que nos encontramos han respaldado una intensificación de la vinculación entre una mayor adquisición de conocimientos y una mejor toma de postura o, incluso, toma de decisiones sobre cursos de acción. La razón por la que se hacen estas consideraciones radica en el hecho de que el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico nos permiten acceder a la sociedad del conocimiento y transitar mejor en la sociedad del riesgo.
Noemí Sanz Merino y José Antonio López Cerezo, investigadora posdoctoral y catedrático de lógica y filosofía de la ciencia en la Universidad de Oviedo, publicaron el artículo “Cultura científica para la educación del siglo XXI” en la Revista Iberoamericana de Educación, Número 58 (2012), pp. 35-59 (ISSN: 1022-6508). En este artículo abordan la cuestión de cómo entender la cultura científica si se quiere desarrollar un tipo de educación científica que sea socialmente provechosa en la presente sociedad del conocimiento. Para hacerlo, toman brevemente en consideración los contextos actuales de apropiación social de la ciencia y la tecnología desde el punto de vista de los estudios sobre ciencia, tecnología y sociedad (cts). Finalmente, ofrecen sus consideraciones sobre cómo superar algunos retos que surgen a la hora de implementar la enseñanza de dicha cultura científica.
            Para la mayoría de los especialistas, según los autores, el enfoque cts en educación propone añadir a este sentido de capacitación científico-tecnológica otros conocimientos y destrezas asociados a información y valores que estén en relación directa con otras necesidades personales de los alumnos y alumnas. Es decir, una educación cts debería, por ejemplo, y entre otras cosas: Incluir conceptos científicos y habilidades procedimentales que sean útiles en sus vidas cotidianas, también en tanto que les permitan tomar decisiones como ciudadanos; centrarse en aspectos sociales locales: en cuestiones y problemas que emergen en sus entornos más próximos (familiares, escolares, comunitarios, etc.); atender asimismo a problemas globales, a los asuntos que conciernen a todo el planeta, como son los medioambientales o los relacionados con los límites del crecimiento industrial, y dar a conocer la naturaleza y el alcance de una amplia variedad de ciencias e ingenierías, en tanto que ello despierte las aptitudes de los estudiantes o llame su interés hacia distintas carreras científico-tecnológicas actuales.
            La educación para la cultura científica y tecnológica bajo la perspectiva cts se ha de entender, además, fundamentalmente y de un modo general, como una variedad de la educación en valores y como una preparación para la participación cívica, indican los autores. Por supuesto, muchos otros pensadores asumen igualmente estos considerandos generales como metas propias de la educación desde un enfoque cts. De hecho, se trata de objetivos claramente relacionados, pues la formación de una ciudadanía consciente del componente y papel social de la ciencia y la tecnología tiene como horizonte natural la motivación y capacitación de los ciudadanos para involucrarlos en distintos aspectos de la vida social.
            La situación iberoamericana es un claro ejemplo de por qué la cultura científica es todavía hoy un tema político de primera magnitud en el incremento de la riqueza cultural y material de ciertas naciones, aseguran los autores. Casi todos compartimos aún la necesidad de llevar la ciencia a las instituciones, a las empresas y a los ciudadanos. En este sentido, mejorar las políticas y el sistema productivo, incentivar vocaciones científicas en los jóvenes, elevar la cultura científica de los ciudadanos, incrementar la valoración y apoyo públicos de la ciencia son algunas medidas que han de ser implementadas. Con tal objetivo, se pueden rescatar algunas de las consideraciones que revisaron en este trabajo. En primer lugar, los ciudadanos necesitan disponer tanto de información científica como de otros conocimientos que les posibiliten hacer uso de los mejores elementos de juicio posibles en tanto padres, consumidores, empresarios o trabajadores. En este sentido, se debe partir de una definición de cultura científica que nos ayude a tomar nuestras decisiones a diario, las cuales van desde qué comprar en el supermercado hasta aceptar, o no, a exponerse a una tecnología médica concreta. En segundo lugar, generar con éxito ese tipo de cultura científica en la ciudadanía es un proceso mucho más complejo que una simple cuestión de alcanzar cierto nivel de competencia. Se trata, más bien, de implementar acciones que tengan en cuenta que el sujeto del proceso de aprendizaje integra los elementos intelectuales adquiridos en un sistema propio de creencias y actitudes, entre los que tienen también una gran relevancia otros factores cognitivos y psicológicos, y respecto de los cuales, además, el involucrarse personalmente adquiere una importante influencia. En tercer lugar, una cultura científica que se precie de responder a los anteriores requisitos ha de concebirse entonces, e igualmente, como una forma de cultura crítica y responsable. Es decir, tiene que incluir información no solo acerca de los beneficios potenciales de la ciencia sino también de sus incertidumbres, de sus riesgos y de los interrogantes éticos que pueda plantear. De la misma forma, la cultura científica popular debe ser un elemento cultural potenciador en los individuos de este tipo de cuestionamientos y de una actuación social en consecuencia.
            En Morelos, la educación y comunicación para la cultura científica debe formar ciudadanos que tengan conocimiento del papel y dimensiones sociales de la ciencia y la tecnología, capacitándolos para actuar en su vida diaria, así como motivándolos para involucrarse en los debates sociales y políticos sobre estos temas. Todo ello requiere hacer de las aulas y los espacios de educación informal lugares de aprendizaje crítico, de protagonismo social y de participación cívica; en suma, hacer de los centros educativos, a través del encuentro entre el conocimiento y la acción, laboratorios de práctica democrática.

4 jun. 2012

Buena Gobernanza

publicado en La Jornada Morelos el 4 de junio de 2012

En estos días, todos estamos preocupados por asegurar que a partir del primero de octubre tengamos un buen gobierno en Morelos, que logre no haya personas en extrema pobreza, que erradique la terrible violencia, que genere empleos bien remunerados, que reduzca la desigualdad entre sexos, que ofrezca educación de calidad a todos, que proporcione servicios de salud satisfactorios, que regrese la calidad del ambiente, que tenga cero tolerancia a la corrupción, que promueva la innovación basada en ciencia para el desarrollo empresarial y que afiance a la cultura como elemento indispensable del bienestar social. Kofi Annan, quien fue Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, ha señalado que la buena gobernanza es tal vez el factor más importante para erradicar la pobreza y promover el desarrollo. Sin embargo, la buena gobernanza es un concepto elusivo, difícil de definir y con múltiples aristas; debemos entenderlo bien antes de hacer promesas y compromisos.
            Rachel M. Gisselquist escribió un estudio sobre “Buena Gobernanza como un Concepto y Por Qué es tan importante para las Políticas de Desarrollo”, que fue publicado en marzo del 2012 por la Universidad de las Naciones Unidas (Working Paper No. 2012/30, Good Governance as a Concept, and Why This Matters for Development, United Nations University, World Institute for Development Economics Research. Copyright © UNU-WIDER 2012. ISSN 1798-7237 e ISBN 978-92-9230-493-5). El estudio consta de dos partes. La primera presenta una revisión sistemática de la literatura sobre el tema y, en particular, de las múltiples definiciones acuñadas por diversas instituciones; así como de las componentes de cada una de ellas. La segunda parte hace una crítica de cómo se aplican los conceptos de buena gobernanza a las políticas de desarrollo; en particular, de las agencias internacionales a los países más pobres.
            La “Gobernanza” significa, según el estudio, reglas, procesos y comportamientos que afectan la manera en que el poder se ejerce, en particular, relacionado con apertura, participación, solvencia, efectividad y coherencia. Cada uno de estos principios es muy importante para establecer una gobernanza cada vez más democrática. Dichos principios se deben aplicar en todos los niveles de gobierno: global, regional, nacional, estatal y municipal.
            En el estudio se catalogan por lo menos siete componentes claves que colectivamente han sido mencionados en las diversas definiciones: democracia y representación, derechos humanos, el imperio de la ley, administración pública efectiva y eficiente, transparencia y solvencia, objetivos de desarrollo claros, e instituciones, programas y políticas en ámbitos social y políticos (tales como, elecciones, cámaras de representantes, prensa libre y derechos de propiedad).
            El Banco Mundial, según el estudio, señala que la buena gobernanza consiste de un servicio público que es eficiente, de un sistema judicial que es confiable y de una administración que tiene solvencia comprobada frente a los ciudadanos. También el Banco describe cuatro elementos fundamentales: gestión del sector público con énfasis en la necesidad de una administración financiera y de recursos humanos eficientes a través de una mejor presupuestación y erradicando ineficiencias en las empresas públicas; solvencia en los servicios públicos, incluyendo contabilidades, auditorías y descentralización efectivas, y haciendo a los servidores públicos responsables de sus actos frente a la población; esquemas legales predecibles con reglas conocidas por adelantado, con jueces confiables e independientes y claros mecanismos policiacos; y transparencia y disponibilidad de información que permitan el análisis de las políticas, promuevan el debate público y reduzcan el riesgo de la corrupción.
            En Morelos, la más importante pregunta ahora es ¿cómo mejoramos nuestra gobernanza?, desde el punto de vista de las elecciones y el cambio de los poderes ejecutivo y legislativo. La respuesta debe considerar el concepto de buena gobernanza: ¿Cómo mejorar qué exactamente? La manera más prometedora para avanzar en la pregunta de ¿cómo? es formular y probar hipótesis precisas sobre los procesos causales inherentes a la buena gobernanza. Finalmente, recordemos sus ocho características principales: participativa, orientada al consenso, solvente, transparente, rápida respuesta, efectiva y eficiente, equitativa e inclusiva, y respetuosa de la ley. Esto asegurará que la corrupción será mínima, la opinión de las minorías será tomada en cuenta y las voces de los más vulnerables serán escuchadas. Debemos dar pronta respuesta a las necesidades presentes y futuras de la sociedad morelense: un sistema representativo con partidos y organismos civiles que funcionen apropiadamente, un sistema electoral que garantice elecciones libres y justas con sufragio universal efectivo, un sistema de contrapesos que aseguren la separación efectiva de poderes, una sociedad civil vibrante que pueda evaluar al gobierno y provea formas alternativas de participación política, un control civil efectivo sobre los militares y las fuerzas de seguridad, y medios de comunicación libres e independientes.