15 nov. 2010

Tendencia al 2030 de la ciencia y tecnología nacionales

En mayo de este año se publicó el reporte “Futuros del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología: Prospectiva Visión México 2030”, elaborado por el doctor Antonio Alonso Concheiro para el Foro Consultivo de Ciencia y Tecnología. Plantea que los esfuerzos de planeación nacional se inscriben cada sexenio un Plan Nacional de Desarrollo y diversos programas sectoriales, institucionales y especiales para guiar la acción del gobierno en los siguientes años y, por supuesto, no cuenta con una visión consensuada entre sectores de la sociedad nacional sobre sus futuros de largo plazo. La actual administración intentó elaborar una visión prospectiva amplia para el país, en un proyecto que denominó México visión 2030; el México que todos queremos, pero ni el proceso seguido para hacerlo ni los resultados obtenidos pueden considerarse satisfactorios, según el autor.
El reporte mencionado forma parte de un proyecto más amplio que se propuso como objetivo construir escenarios futuros distintos para diversos temas o áreas de interés. Aquí resumiremos un escenario tendencial del Capítulo 2, para diversos indicadores cuantitativos relativos al Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología de México. Dichos escenarios los obtuvo aplicando modelos logísticos de crecimiento y competencia a aquellos pocos indicadores sobre los que pudo obtener suficiente información estadística de calidad y que en su mayoría parten desde 1983. Escogimos el escenario que presentaba el ajuste de los datos con menor error cuadrático medio.
Proyecta que el gasto nacional en ciencia y tecnología (GNCyT), que incluye los gasto en investigación y desarrollo, en educación de posgrado y en servicios científicos y tecnológicos realizados tanto por el sector público como el privado, las instituciones de educación superior y el financiamiento externo, incluyendo en los años más recientes además una estimación del gasto de los hogares en la educación de posgrado, que en 2005 fue de 38 mil 703 millones de pesos (pesos del año 2000), aumentaría a un valor 3.25 veces mayor en el año 2030. Este gasto como por ciento del producto interno bruto (PIB) pasaría de 0.64 en el año 2005 a tan sólo 1.25 en el año 2030. A su vez, el gasto interno bruto en investigación y desarrollo experimental (GIDE), que se refiere a los gastos en investigación y desarrollo experimental del sector público, las instituciones de educación superior y el sector privado, así como el financiamiento externo destinado a dichas actividades, que fue de 27 mil 338 millones de pesos (del 2000) en el 2005, crecería a una cifra 3.05 veces mayor en el 2030. Este GIDE como por ciento del PIB pasaría del 0.45 en 2005 a 0.79 en 2030. Estos porcentajes de inversión nacional proyectados al 2030 ya los tienen actualmente algunos países con nuestro mismo nivel de desarrollo y son inferiores varias veces a lo que actualmente invierten países industrializados.
Encuentra que la distribución del gasto interno bruto en investigación y desarrollo según sector de ejecución: Productivo, Gobierno, Educación Superior y Privado no lucrativo, en porcentaje, pasaría de 31.92, 29.62, 36.93 y 1.54 en 2005 a 58.65, 23.15, 13.00 y 5.20 en 2030. Además, la distribución del gasto interno bruto en investigación y desarrollo según sector de financiamiento: Productivo, Gobierno, Educación Superior, Privado no lucrativo y Fondos del exterior, en porcentaje, pasaría de 34.70, 56.11, 7.66, 0.78 y 0.76 en 2005 a 69.90, 23.15, 6.90, 0.00 y 0.05 en 2030. Así, la tendencia es que el sector empresarial ejerza e invierta más presupuesto y el sector de educación superior se vuelva mucho menos significativo. También, la distribución del gasto interno bruto en investigación y desarrollo según tipo de actividad: Investigación básica, Investigación aplicada y Desarrollo experimental, en porcentaje, pasaría de 25.45, 30.97 y 43.58 en 2005 a 37.30, 21.40 y 41.30 en 2030. Y el gasto federal en ciencia y tecnología (GFCyT), que en 2005 fue de 22,485 millones de pesos (del 2000), se incrementaría en sólo 1.92 veces en 2030. Lo anterior implica un extraño aumento en investigación básica, sin crecimiento en desarrollo experimental y con financiamiento primordial del sector empresarial. Así de mal se están tomando acciones en la actualidad.
Nos señala que la población ocupada en actividades de ciencia y tecnología (RHCyTO) como por ciento de la población económicamente activa (PEA) pasaría de 11.4 en 2005 a tan sólo 12.9 en 2030. Los miembros del Sistema Nacional de Investigadores eran 12,096 en 2005 y aumentarían por un factor de 4.5 para el 2030, pero su financiamiento per cápita se reduciría en un 50 por ciento.
Con relación a los productos de la ciencia, tecnología e innovación, sus resultados indican que el número de artículos publicados por cada millón de habitantes era de 63.8 en 2005 y aumentaría por un factor de 3.8 en 2030. El total de patentes concedidas en México fue de 8 mil 098 en 2005 y aumentarían por un factor de 2.4 veces en 2030, y el porcentaje concedido a mexicanos pasaría de 1.62 en 2005 a 0.40 en 2030. Y en aspectos empresariales, el valor agregado de las industrias de alta tecnología como por ciento del valor agregado manufacturero total sólo pasaría de 10.8 en 2005 a 12.4 en 2030. Lo que equivale a seguir manteniendo un buen ritmo de publicaciones pero con un nulo impacto tecnológico e industrial.
Finalmente, nos recuerda que en 1974, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) organizó el simposio La Ciencia en México, en el que Ruy Pérez Tamayo caracterizó el estado de la ciencia mexicana de entonces, como: (1) subdesarrollada (en tanto que el número de científicos activos en México era mucho menor que el existente en otros países y había grandes áreas de la ciencia que no se practicaban en nuestro país); (2) centralizada (concentrándose la mayoría de los investigadores en la Ciudad de México); (3) enajenada (con escasos y ocasionales vínculos con los problemas del país); (4) apolítica (sin participación efectiva de los científicos en las decisiones políticas de su incumbencia); (5) paupérrima (con una inversión en ciencia y tecnología como proporción del producto bruto mucho menor que en otros países, incluso subdesarrollados); (6) sospechosa; y (7) desconocida (con un público en general y administradores oficiales ignorantes de la naturaleza, posibilidades y limitaciones de la ciencia, especialmente en relación con el desarrollo económico del país, ignorancia esta última también compartida por muchos científicos).
El análisis tendencial presentado muestra que las características principales del sistema nacional de ciencia y tecnología seguirán siendo las mismas en el 2030 que en 1974. Además, los niveles de inversión y generación de conocimiento en ciencia, tecnología e innovación que se alcanzarían en México en el año 2030 corresponden a los niveles que el día de hoy tienen países como Brasil y España, y son muy inferiores a los que ahora tienen países como Suecia, Finlandia, Japón y Corea. Insistimos en la urgencia de actuar para modificar la tendencia, sobre todo si se considera a este sistema como elemento fundamental para acceder a la sociedad del conocimiento.

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