7 feb. 2013

El crimen en 2030

publicado en La Jornada Morelos el 28 de enero de 2013

El avance tecnológico siempre ha tenido un efecto en la detección y prevención de las actividades criminales pero, también, ha causado una mayor eficacia en las técnicas utilizadas por los criminales. Ambos lados han avanzado en su capacidad de comunicación, armamento, logística y entrenamiento. Era común que los criminales siempre fueran a la zaga de la policía, lo que permitía mantener la paz social en cualquier lugar geográfico. Sin embargo, este desbalance sea ha roto en diversas zonas del país, donde desafortunadamente existe una superioridad tecnológica de los criminales sobre los policías.

            Gene Stephens, Profesor Emérito Distinguido de la Universidad de Carolina del Sur y actualmente colaborador del Instituto en Administración para Mantener el Orden Público (Law Enforcement Management Institute), en Texas, escribió sobre el “Crimen en el año 2030” (Crime in the Year 2030, The Futurist, January-February 2013, Vol. 47, No. 1). En este artículo, el autor presenta los asuntos más importantes que probablemente ocurrirán de ahora al año 2030, su impacto en la seguridad pública y las acciones posibles que tomarán, tanto los criminales como la policía. Los retos para alcanzar un efectivo respeto a la ley son enormes y el único camino para lograrlo demandará de una nueva y reforzada dedicación y compromiso de los policías con el servicio público. El debido proceso y las deliberaciones necesarias para garantizar seguridad y justicia deberán realizarse a un ritmo cada vez mayor.

            Una avalancha de tecnologías emergentes está transformando el crimen y su control, lo que afectará el modo de vida de todas las personas a nivel mundial. La tecnología es amoral, considera el autor, y será utilizada bien o mal; da los medios para cometer crímenes, para evitarlos, para ocultarlos y para detectarlos. Los criminales y los policías tendrán equipos y sistemas de vigilancia operando de tiempo completo y en tiempo real. Las mejoras tecnológicas permitirán que cualquier creatura viva pueda ser localizable donde sea y a cualquier hora. Por ejemplo, la evidencia de culpabilidad se ampliará de fluidos corporales a olores o esencias y, también, la tendencia de incorporar dispositivos electrónicos de reconocimiento a tarjetas del transporte, de crédito y eventualmente a las personas. Incluso, se podría considerar un delito no estar disponible en la red de detección.

            La falta de disponibilidad de agua potable y de energía barata y su mayor escasez futura incrementará el volumen y el grado de los delitos, asegura el autor. La diferencia entre los que tienen estos recursos y los que no causará conflictos todavía más graves, tanto para regiones mundiales como países, estados, localidades o vecinos. Todos necesitamos agua y energía para sobrevivir. Alterar líneas de electricidad o acueductos es un crimen que va en aumento y que cuesta miles de millones de pesos a las compañías, estatales o privadas, que transforman y distribuyen ambos productos. Se deben considerar, también, los actos de terrorismos sobre ambas “líneas” de distribución en las muy probables futuras guerras por recursos naturales.

            La transparencia, la privacidad y su interrelación serán temas de enorme relevancia al 2030, señala el autor. La cobertura de comunicación en los medios ya es de 24 horas diarias, los siete días de la semana. El flujo de información no para en televisión, radio e internet. Su captura y diseminación se ha vuelto más íntima e inmediata con cámaras y grabadoras en cualquier teléfono celular, además de contar con sistemas GPS para localización instantánea. Adicionalmente, la miniaturización, o más aún la “nanoturización”, de los dispositivos de vigilancia y su incorporación a redes electrónicas mundiales manejadas por supercomputadoras, crearán una omnipresencia de los medios, tanto corporativos como individuales. ¿Habrá en el futuro algún lugar donde una persona se pueda ocultar de ser observada públicamente? También, dichas tecnologías atentarán contra nuestras libertades civiles al poder mal utilizar la existencia de un “record permanente”.

            El valor de la privacidad y otras libertades civiles cambiará en un mundo que estará vigilado permanentemente, apunta el autor. El avance en la comunicación masiva por medio de las redes sociales ya está cambiando los valores de los jóvenes, al compartir información personal que los mayores consideramos confidencial. De hecho, criminales y policías ya navegan la red consuetudinariamente para elegir víctimas o para encontrar evidencias de actividades ilegítimas.

            El propio concepto de libertad de elección está bajo presión por la naturaleza de esta sociedad emergente, indica el autor. Ya han sucedido revueltas masivas contra actos de gobierno que atentan contra esta libertad y la tendencia apunta a que podrán haber reacciones mucho más globales y violentas; que incluso se enfrenten al uso de las tecnologías mencionadas.

            En Morelos y en el mundo, existirán conflictos sociales acerca de cómo utilizar las tecnologías emergentes para combatir el avance del crimen. No queremos que los criminales superen a nuestros policías y tampoco queremos perder nuestros valores y libertades individuales. Debemos analizar ya el rumbo que tomará nuestra sociedad.

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