25 feb. 2013

Objetivos sociales en la gobernanza corporativa

publicado en la Jormada Morelos el 25 de febrero de 2013

Hemos señalado en otras ocasiones que es imposible comprender cómo nuestro país esté dentro de los primeros quince países del mundo en generación de riqueza y, simultáneamente, estemos en lugar 60, aproximadamente, si tomamos en consideración otros aspectos como el educativo y la salud, y que adicionalmente bajemos otros 10 lugares si consideramos el aspecto de equidad de género. Algunos mexicanos son inmensamente ricos y la mayoría está en la pobreza. Por ejemplo, ¿quiénes se han beneficiado de petróleo extraído del subsuelo mexicano? La teoría de que la riqueza generada por algunos se derramaría poco a poco a la mayoría ha fracasado. En el marco de las reformas que planteará este Gobierno Federal es imprescindible analizar el tipo de empresas que ayuden a alcanzar el bienestar de la sociedad mexicana.

            Joergen Oerstroem Moeller, investigador titular visitante en el Institute of Southeast Asian Studies in Singapore y profesor adjunto en la Singapore Management University & Copenhagen Business School, escribió un artículo sobre las diferencias en los métodos de gobernanza de las empresas entre Estados Unidos y China (China’s Effort to Redefine Corporate Governance, World Future Review, Fall 2012, page 5). La legitimidad de cualquier modelo económico o sistema político se sustenta en proveer seguridad, salud y bienestar a la población; sin embargo, el autor plantea que una fracción en aumento del sistema empresarial occidental, en particular del área financiera, está violando esta regla dorada.

            A pesar de que la mayoría de los métodos de gobernanza empresarial fue inventada en Estados Unidos, ahora existen fuertes críticas sobre ese sistema empresarial y, en especial, de los valores éticos y morales empleados en su funcionamiento, asegura el autor. Ejemplos abundan, J. P. Morgan perdió 9 mil millones de dólares especulando en transacciones financieras de derivados; el Bank of America perdió 40 mil millones de dólares durante los últimos cuatro años por malas inversiones en bienes raíces; un número importante de corporaciones no pagan impuestos federales pero sí reciben beneficios en sus impuestos de sus gobiernos, y el gobierno de Grecia paga 500 millones de dólares a instituciones financieras que especularon contra los propios gobiernos y bancos centrales europeos e instituciones financieras internacionales.

            A las personas no les importa si un emprendedor gana dinero por un invento o por construir una compañía exitosa, ya que contribuyeron al desarrollo de la sociedad y crearon empleos, indica el autor. Sin embargo, ¿qué se merece aquella persona del sector financiero que maneja instrumentos financieros? Ésta se ha convertido en una pregunta crucial para el sistema capitalista y la gobernanza corporativa, sobre todo si se considera que en Estados Unidos e Inglaterra la participación del sector financiero corresponde al 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

            La inmensa mayoría de las empresas americanas y europeas cotiza en bolsas de valores y es propiedad de accionistas, señala el autor. Si la mayoría de estos accionistas son individuos entonces la población está ligada al sistema empresarial, que les provee los bienes y servicios que ellos necesitan. Los ahorros de las personas comunes financian a las corporaciones y las ganancias regresan a las mismas personas; una mayor producción crea más beneficios para compartir entre todos. Sin embargo, el contrato social implícito se rompe si el inversor individual es reemplazado por el inversor corporativo. En 1965, en Estados Unidos, más del 80 por ciento de las acciones eran propiedad de individuos; en 2007, era menos del 20 por ciento. En el mismo periodo, la participación del sector financiero en el PIB se duplicó. Además, este sector se plantea sólo ganancias en el corto plazo y no le interesa el estado de las empresas en las que invierte.

            El tipo de propiedad de las empresas asiáticas es muy diferente al de las estadounidenses o europeas, ya que pocas dependen del mercado de valores para obtener capital, según el autor. La mayoría de sus acciones son propiedad de los estados o por familias que frecuentemente tienen ligas con el estado. Así, estas compañías para obtener capital no dependen de sus acciones en los mercados o de alcanzar ganancias sólo para atraer inversionistas.

            En China, por ejemplo, el banco es un instrumento para canalizar fondos del gobierno a empresas propiedad del estado en los términos y condiciones que promuevan los objetivos establecidos por el gobierno o, mejor dicho, por el Partido Comunista Chino (PCC), apunta el autor. Si un proyecto contribuye a un desarrollo social establecido en la lista aprobada del PCC, entonces recibe financiamiento independientemente de su valor en una economía de mercado. La inversión extranjera directa es aceptada para conocer qué sectores de su economía son rentables desde el punto de vista de los mercados. Los chinos consideran que la riqueza de una nación depende de la riqueza de la sociedad o qué también se desarrolla la sociedad de acuerdo con los objetivos y prioridades establecidos por el PCC, y no depende de la acumulación individual o empresarial de riqueza.

            El crecimiento anual de China alcanzó más del 10 por ciento anual en las décadas recientes y los objetivos del PCC se alcanzaron, elevando el nivel y la calidad de vida del ciudadano chino promedio. No hubo conflicto entre las políticas sociales y las políticas de mercado, establece el autor, ya que ambos sectores crecieron rápidamente. Existen dos factores que pueden afectar este crecimiento en el futuro: el incremento en la desigualdad de los ingresos, ya que una parte importante de los grandes ingresos privados va a una pequeña porción de la población, y un desbalance entre objetivos de política, sociales versus economía de mercado.

            En Morelos y en México, es imprescindible conocer bajo qué condiciones la gobernanza de una empresa propiedad del estado puede ayudar a lograr beneficios para la sociedad, sin cumplir estrictamente con los indicadores de mercado. La reforma de PEMEX implica la reforma de toda la industria petrolera y petroquímica mexicana, no tendría sentido de otra forma; pero el objetivo debe ser un mayor beneficio para la sociedad mexicana. La consolidación estatal de la agroindustria de la caña de azúcar es fundamental, no es posible sólo pensar en la rentabilidad de un ingenio. El desarrollo del país depende de un fino balance entre las políticas sociales y las políticas económicas de los mercados; que la gobernanza empresarial sea para el beneficio de todos los mexicanos.

 

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