12 ago 2013

Macroeconomía y crecimiento en América Latina

publicado en La Jornada Morelos el 12 de agosto de 2013


Mayor solidez de las finanzas públicas, menores niveles de inflación y desempleo, y avances en materia de pobreza y distribución del ingreso constituyen una buena base para lograr un aumento en los niveles de inversión, principal canal a través del cual se materializa el cambio estructural y el incremento de la productividad. Los requerimientos para el desarrollo son multidimensionales ya que incluyen aspectos de desarrollo productivo e institucional y deben abarcar el ámbito de todas las políticas económicas. Sin embargo, la contribución de las políticas macroeconómicas (fiscal, monetaria y cambiaria) es clave, ya que previene la acumulación de desequilibrios que desembocan en crisis. Así, se crean las condiciones necesarias para desplegar acciones contracíclicas (las que estimulan la economía en tiempos de recesión) que permitan sostener el crecimiento del producto y el empleo, y resulten en tasas de interés reales que apoyen la inversión y un tipo de cambio real que favorezca la competitividad de los sectores transables (los que producen bienes y servicios que se exportan o que compiten con las importaciones).
            La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicó su Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2013, documento anual de la División de Desarrollo Económico. La elaboración de esta edición estuvo encabezada por Juan Alberto Fuentes, mientras que la coordinación estuvo a cargo de Sandra Manuelito y Jürgen Weller. (www.cepal.org/de, visitada 10 agosto 2013). Analizan el desempeño reciente de las economías de la región y sus perspectivas para el año, y discuten aspectos de largo plazo del desarrollo económico de América Latina y el Caribe.
            El estudio destaca que durante 2013 la región ha seguido enfrentando una situación económica mundial muy variable, como consecuencia de la lenta resolución de la crisis de la deuda en varios países de la zona del euro, los episodios de alta incertidumbre ante el agravamiento de la situación en algunos de esos países, las respuestas políticas en economías desarrolladas que han redundado en un significativo aumento de la liquidez mundial, y la desaceleración de algunas grandes economías asiáticas. El resultado constata que, salvo en unos pocos casos, el crecimiento del PIB per cápita ha sido muy bajo y la convergencia hacia los niveles de los países más desarrollados ha sido escasa. También, menciona el bajo nivel de inversión y la dependencia respecto del ahorro externo, cuyas fluctuaciones han determinado en gran medida la elevada variabilidad del crecimiento, con un insuficiente avance en el aumento de la productividad.
            El gradual fortalecimiento de las políticas fiscales, monetarias y cambiarias observado en las últimas décadas permite suponer, según el estudio, que su aporte al mayor crecimiento con igualdad será decisivo en el futuro. En particular, cuatro hechos justifican la necesidad de que la política macroeconómica asigne una atención prioritaria al impulso de la inversión en América Latina y el Caribe, y contribuya así a crear las condiciones para la diversificación de la estructura productiva. En primer lugar, es probable un escenario futuro en que el aporte al ingreso disponible derivado de los elevados precios de los productos básicos exportados por la región sea significativamente menor. En segundo lugar, la desaceleración del crecimiento del PIB en la región en los últimos años y su creciente dependencia de la expansión del consumo, en contraste con la decreciente contribución de la inversión y el aporte negativo de las exportaciones netas (exportaciones menos importaciones), no contribuye a disminuir la vulnerabilidad externa y su sostenibilidad de largo plazo es dudosa. Por ello, es preciso dar prioridad al aumento de la inversión, en especial en los sectores transables productores de bienes y servicios y en aquellos sectores de infraestructura que contribuyen a la competitividad sistémica. En tercer lugar, la inversión es uno de los canales clave para el progreso tecnológico y el aumento de la productividad, condición necesaria para el crecimiento y la competitividad de largo plazo. Finalmente, en los últimos años la inversión en los sectores no transables (de menor productividad) ha aumentado más que en los sectores transables (de mayor productividad) en varios países y sería necesario revertir esta situación para impulsar un proceso más equilibrado y de mayor productividad en el futuro.
            Para favorecer la inversión, sobre todo en los sectores transables con mayores eslabonamientos, como parte de un proceso de crecimiento socialmente incluyente y ambientalmente sostenible, el reporte identifica lineamientos de estrategia macroeconómica.
Primero. La propuesta estratégica debe apoyarse en un entorno institucional que favorezca sinergias entre políticas macroeconómicas, industriales, ambientales y laborales para dar una orientación común y sostenida a la acción pública, y que incluya acuerdos o pactos tácitos o explícitos entre el Estado y diversos actores sociales para avanzar en una misma dirección. Segundo. La institucionalidad de las políticas monetaria y fiscal para asegurar el crecimiento estable de la demanda agregada se vuelve central ante la evidencia de su importancia como determinantes de la inversión y del crecimiento en América Latina y el Caribe. Desde la perspectiva macroeconómica, la relación positiva de la inversión con el grado de utilización de la capacidad instalada y, especialmente, la dependencia de la inversión a la trayectoria pasada de crecimiento del PIB, justifican la implementación de políticas fiscales y monetarias contracíclicas. Tercero. Para estimular la inversión en el mediano y largo plazo se requiere eliminar el sesgo favorable a la inversión en los sectores no transables e impulsar políticas fiscales, financieras y de empleo que apoyen el cambio estructural. Desde la perspectiva productiva, el hecho de que el destino sectorial de la inversión incida en la productividad, así como la evidencia mostrada de que en varios países de la región ha habido un sesgo favorable a la inversión en sectores no transables durante la última década, destaca la necesidad de implementar políticas macroeconómicas para favorecer la inversión en los sectores transables y de complementarlas con políticas industriales y otras políticas microeconómicas y sectoriales.
            En Morelos, se debe apoyar al sector académico ya que es conocido que los proyectos de inversión se hacen rentables solamente en el grado en que se cuente con fuerza laboral adecuadamente calificada. Este aspecto es clave en el caso de inversiones que incorporan nuevas tecnologías que, para su pleno aprovechamiento, requieren habilidades y conocimientos nuevos y que serían especialmente importantes en procesos de cambio estructural que conllevan inversiones y mano de obra que se reasignan a sectores con mayores exigencias de productividad. Asumamos este gran reto, y concertemos a la educación universitaria con la técnica y con los sistemas de formación y capacitación profesional para crecer con equidad.

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