16 dic. 2013

Complejidad y reforma educativa

Publicado en La Jornada Morelos el 16 de diciembre de 2013


Los sistemas de educación son normalmente conducidos de manera central, que cada vez más se encuentra confrontada por actores no muy bien definidos y cuyas demandas pueden ser demasiado ambiguas. Además, las herramientas de control disponibles se han reducido ya que se ha descentralizado parte de la toma de decisión al nivel local. La educación moderna se ha desarrollado en ecosistemas evolutivos que no pueden ya ser gobernados con políticas verticales. Tratar de resolver los grandes problemas de la humanidad requiere de una diversidad curricular, de más profesiones y sobre todo la conjunción, hibridación y unificación de las disciplinas. La teoría de la complejidad puede ayudar a lograr la gobernanza de un sistema holístico reactivo con procedimientos de colaboración y retroalimentación bien definidos.
Sean Snyder, del Programa Internacional de Desarrollo Educativo, en la Universidad de Pennsylvania, Estados Unidos, escribió el artículo “Lo sencillo, lo complicado y lo complejo: reforma educativa a través del lente de la teoría de la complejidad”. (Snyder, S. (2013), “The Simple, the Complicated, and the Complex: Educational Reform through the Lens of Complexity Theory”, OECD Education Working Papers, No. 96, OECD Publishing. http://dx.doi.org/10.1787/5k3txnpt1lnr-en). Propone un cambio en el proceso de reforma de la gobernanza educativa, del modelo con un centro común a uno con visión desde la periferia que presente una mayor humildad de todos los actores y un esfuerzo consciente de incluir las voces y opiniones de los actores en todos los niveles, con la finalidad de alcanzar una situación en la que todos ganen.
            Para alcanzar el cambio, el autor considera que todos los interesados deben ampliar su visión para reconocer la importancia de los asuntos y sistemas en las diferentes áreas horizontales: política, finanzas y salud. Éstas tienen efectos significativos para el desarrollo del sistema educativo y no deben ser sobre simplificadas y frenar las reformas, conduciendo a una parálisis. No se deben ver los asuntos de gobernanza de manera aislada y puntual, buscar caminos reduccionistas que apuntan a áreas específicas de políticas o cambios pedagógicos no llevará a cambios sostenibles de gran envergadura. Para ser efectivo en la solución de problemas complejos es necesario entender la teoría de la complejidad.
El autor describe con ejemplos la diferencia entre sencillo, complicado y complejo. Lo sencillo es seguir una receta: debemos tener una, la podemos replicar, la expertez es útil pero no indispensable, obtenemos productos estándar y las mejores recetas siempre dan buenos resultados. Lo complicado es enviar un cohete a la luna: las fórmulas son críticas, enviar a un cohete aumenta la seguridad de que el siguiente estará bien, son necesarios altos niveles de expertez en múltiples campos, todos los cohetes son muy similares en muchos aspectos y hay un alto grado de certidumbre en el resultado una vez que los temas originales se han resuelto. Lo complejo es criar a un niño: las fórmulas tienen aplicación limitada, educar a uno niño da experiencia pero no asegura el éxito de educar a otro, la expertez contribuye pero no es ni necesaria ni suficiente para el éxito, cada niño es único y debe ser tratado de manera individual y siempre permanece incertidumbre en el resultado.
            Los responsables de las políticas públicas pueden utilizar las propiedades de un sistema complejo para reformar a la educación, al identificar los retos y los caminos de colaboración y retroalimentación, asegura el autor. Propone los siguientes elementos claves para operar este método:
            Impulsar un ambiente de colaboración en todo el sistema al crear activamente oportunidades de interacción. Comisiones de estudiantes, rotación de directivos y profesores, y reuniones semanales de todos los actores son ejemplos de procesos orientados al cambio que incrementan la retroalimentación y la auto-organización que no requieren inversiones grandes;
            Diseñar procesos continuos de colaboración e interacción. Conferencias o seminarios anuales no permiten un nivel suficiente de familiaridad y confianza para construir y permitir un flujo libre de ideas;
            Hacer reformas iterativas, experimentales y flexibles. No sólo se impulse un producto terminado, sino se presente una idea para consideración. Al incrementar la calidad y la frecuencia de las interacciones, las reformas o las buenas prácticas pueden ser ajustadas a los contextos locales;
            Evitar el supuesto de que la disfuncionalidad del sistema es por sus individuos. Abrir las posibilidades de que el aprendizaje institucional crezca a partir del nivel local;
            Enfocarse a unos pocos problemas claves y analizarlos de manera colaborativa. No se debe intentar resolver todas las enfermedades sistémicas, sino identificar las más importantes y estudiarlas vigorosamente, permitiendo que las propiedades auto-organizativas de la teoría de la complejidad alineen otros aspectos del sistema por medio del proceso de retroalimentación;
            Promover un sistema de mentores de largo plazo. Al establecer áreas de investigación colaborativa donde los profesores se puedan estimular y apoyar mutuamente, y
            Considerar las estructuras y mecanismos de gestión de otros sectores. Aumentar la interacción con otras áreas de la sociedad como medicina, construcción, protección civil, finanzas y ecología, entre otras, permitirá reconocer que la solución de problemas en el sistema educativo complejo no es responsabilidad de un sólo individuo.
            En Morelos, debemos reconocer que sólo al mejorar todas las escuelas podemos alcanzar buenos resultados en una escuela. Las políticas públicas deben impulsar el avance de todo el sistema educativo con colaboración y retroalimentación, en una red compleja.