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2 jun 2014

Participación pública y planeación ambiental

publicado en La Jornada Morelos el 2 de junio de 2014


La participación pública se entiende como la incorporación de actores de los sectores gubernamental, empresarial, académico y de la sociedad civil, que estén interesados o afectados por un problema específico, y que tomen decisiones con la finalidad de formular y dar seguimiento a las políticas derivadas y en un espacio organizado desde la esfera gubernamental. En estos términos, la participación es tanto un medio como un fin, ya que procura un lugar para la negociación y permite la integración social. En la solución de problemas ambientales es imprescindible reconocer la necesidad de hacer efectivo este proceso.
Mariana Villada-Canela, del Instituto de Investigaciones Oceanológicas, Universidad Autónoma de Baja California, publicó el artículo “El rol de la información y la participación pública en la planeación ambiental”, en la revista Investigación Ambiental 2013, 5 (2). Este artículo examina la literatura sobre el uso y conocimiento de la información para la planeación ambiental y, además, contribuye al entendimiento y evaluación del papel de la información como un medio de validación de decisiones ya tomadas, un mecanismo para ejercer poder y exhibir los intereses en la participación, o una limitante ante la naturaleza técnica de la información ambiental.
            La información es una serie de datos generados mediante técnicas o a partir de la práctica, con significado y propósito. En la planeación ambiental, la información hace referencia al estado de los sistemas naturales y a la presión ejercida por los sistemas humanos, establece la autora. Se define también como la referente al estado, causas, consecuencias y soluciones del problema ambiental. Esta definición alude a una primera característica de la información ambiental: es la base de conocimiento que permite cambiar actitudes y prácticas, así como basar argumentaciones en la toma de decisiones.
            Existe una controversia entre la práctica y la teoría de la participación en la planeación ambiental y, con el fin de comprender de dónde surge, la autora explora tres orientaciones teóricas para la toma de decisiones: una derivada del paradigma positivista, una que lo complementa y otra que cuestiona ese positivismo. La primera privilegia el uso y conocimiento de la información como una forma de racionalizar el proceso decisorio. La segunda permite el aprendizaje y el equilibrio de los conflictos entre participantes. En cambio, la tercera muestra que en ocasiones pueden ser más fuertes las presiones de los grupos debido a un interés específico, al margen de la argumentación científica. Así, las diferencias entre estas tres orientaciones teóricas permiten contrastar lo observado en la práctica.
            Por un lado, la orientación positivista se relaciona con una toma de decisiones tecnocrática, apunta la autora. Los expertos aparecen representados como creadores de conocimientos que desempeñan importantes papeles en la definición de políticas y, por tanto, son legitimados en el tratamiento de temas controversiales. También, indica que la necesidad de consultar a los científicos es una evidencia del dominio tecnocrático y de la exclusión de actores que no son expertos y que no tienen preparación técnica, prevaleciendo así la racionalidad científica. Por otro, existe una orientación sustantiva que complementa a la positivista al tomar en cuenta sus limitaciones, en donde la apropiación y uso de la información tienen como objetivo incrementar el aprendizaje entre participantes. Esta orientación exhibe la función “iluminadora” en la toma de decisiones, proporcionando el conocimiento faltante, educando y cambiando la forma en que los actores piensan y resuelven el problema.  
            Ante lo anterior aparece una tercera orientación, derivada de la práctica. La autora presenta que el uso de la información está inmerso en normas sociales que lo hacen altamente simbólico y no siempre obedecerá a las orientaciones positivista y sustantiva porque: mucha de la información recopilada tiene poca relevancia para las decisiones; a menudo justifica decisiones ya tomadas o se genera después de haberla solicitado; hay quejas sobre su indisponibilidad e ignorancia de la que sí está disponible; o se genera más de la necesaria. Se sugiere entonces que la información es usada para otras razones que racionalizar la toma de decisiones o ser la base del aprendizaje de los participantes.
            La apropiación y uso de la información entre participantes para la toma de decisiones responde a estas tres orientaciones, propone la autora. Éstas sirven de base a la definición y el análisis del papel que desempeña la información cuando los participantes la usan, la poseen o se apropian de ella de acuerdo a sus fines. Los roles de la información en la planeación ambiental son tres. Primero, el instrumental, donde la elección de la información está basada en la mejor ciencia y datos relevantes para la identificación del problema ambiental, su valoración y la propuesta de alternativas de solución. Segundo, el conceptual, donde la aplicación o el uso de la información son indirectos y sirve para ampliar el conocimiento, la educación y la concientización sobre los problemas ambientales y decidir sobre ellos. Y tercero, el simbólico, que se subdivide a su vez en tres conceptos: de procedimiento, donde la información permite dar cumplimiento al marco legal e institucional, designar responsabilidades a funcionarios, grupos de interés y ciudadanos para demostrar que la toma de decisiones se realiza de forma racional y técnicamente competente; como recurso de poder, donde la información es un medio para mantener, evidenciar o alterar las relaciones de poder en la toma de decisiones; legitima puntos de vista, decisiones, derechos e intereses usando, rechazando o alterando la información; y el excluyente, donde la información se vuelve una condicionante de la participación al minar los argumentos de los menos instruidos técnicamente, mantenerlos descartados del proceso, polarizando el debate y delimitando su inclusión en las negociaciones.
            Los aspectos que deben tomarse en cuenta para garantizar una participación amplia, corresponsable y especialmente informada son, según la autora: la apertura gubernamental a la toma de decisiones; la adecuada identificación de actores y su información; la coordinación entre agencias y actores, en distintos ámbitos administrativos; la identificación de otras restricciones institucionales; la disposición de espacios de participación y comunicación; y la consideración de motivaciones, intereses y afectaciones existentes, según los saberes técnicos, conocimiento local o posesión de información pertinente.
            En Morelos, debemos considerar que en la planeación ambiental, las autoridades y los actores involucrados tratan con conflictos ya establecidos, inequidades en la información, diferentes experiencias técnicas y capacidades de los participantes; por lo que existen simultáneamente varios espacios técnicos y políticos. Es fundamental fomentar un rol más realista de la información y la participación en el análisis de un problema ambiental.

17 feb 2014

Un mundo sin desechos

publicado en La Jornada Morelos el 17 de febrero de 2014

Los humanos depositamos globalmente cerca de 1300 millones de toneladas de desechos en rellenos sanitarios cada año y se estima que esta cifra se duplicará en el año 2025 si no cambiamos nuestras costumbres, de acuerdo a datos publicados por el Banco Mundial. Nuestra salud y la del planeta requieren que cambiemos de hábitos de consumo y de procesos para la gestión de los desechos. Una opción es tratar a estos desechos como insumos de producción que generen ganancias y reduzcan la contaminación.
Rick Docksai, editor asociado de THE FUTURIST and World Future Review, publicó el artículo “¿Un Mundo sin Desechos?” (A World without Waste? The Futurist, Marzo-Abril 2014, Vol. 48, No. 2). En él plantea que las instalaciones industriales, en todo el mundo, desaprovechan diariamente toneladas de metal, productos químicos, vidrio, plástico y otros materiales primarios que son de gran utilidad. Además, su disposición “final” cuesta tiempo y dinero, e inevitablemente se contamina al ambiente. Finalmente, presenta el concepto de “cero desechos” y algunos casos de éxito.
Los esfuerzos para alcanzar una sociedad con “cero desechos” ofrecen, según el autor, una esperanza para tener un futuro sin desechos; es decir, sin rellenos sanitarios y donde los hábitos de consumo no sostenibles han desaparecido.
Europa importa más materiales que cualquier otro continente y también los despilfarra, indica el autor. En promedio, el 60 por ciento de sus desechos municipales termina en rellenos sanitarios o incineradores. El país más avanzado en el tema es Noruega, que recicla el 68 por ciento. Existe una iniciativa llamada ZeroWIN (del acrónimo en inglés, Towards Zero Waste in Industrial Networks), que pretende alcanzar cero desechos en las redes industriales de Europa. Confían en ampliar el proceso de reciclado doméstico, ya exitoso. Se pretende establecer flujos de reciclaje entre empresas, donde una compañía invita a otra para compartir un sitio de trabajo, y los subproductos en los desechos de una son recolectados y usados como insumos por otra. Por ejemplo, en Dinamarca, el humo emitido por una compañía o el desecho orgánico de otra ya es recuperado y convertido en sulfatos minerales por una tercera, que los emplea para fertilizantes. Si este programa tiene éxito, de acuerdo con los socios de ZeroWIN, Europa podría reducir en 30 por ciento sus emisiones de gases de invernadero y en 75 por ciento el consumo de agua; así como un aumento del 70 por ciento en el reciclado y reuso de desechos.
El sector con la mayor cantidad de desechos en Europa, hoy, es el de la construcción, seguido por el automotriz, apunta el autor. En el primero, se dejan “montañas” de cemento, metal y madera, entre otros, que podrían ser reutilizados fácilmente, si se invirtieran pequeños presupuestos y los equipos de demoliciones no deshicieran en demasía los componentes de una edificación, puente o carretera. En el segundo, con el plástico reciclado se podrían hacer muchas partes de los coches, que al ser más ligero que los materiales convencionales, harían a los autos menos costosos y con mejor economía de combustible.
La mayoría de las empresas emprendería un camino más sustentable pero teme que cuesten más sus procesos. Sin embargo, un programa adecuado de gestión de desechos debe reducir el costo de producción; ya que se elimina la necesidad de pagar por su limpieza y disposición. Señala el autor que el sector europeo de metal-mecánica podría ahorra unos 100 mil millones de pesos al año si aplicara medidas más eficientes en el uso de sus recursos naturales.
            La visión sobre los procesos de contaminación por la industria ha avanzado en el tiempo, establece el autor: de tratar de mejorar la calidad ambiental de los desechos de una empresa, a generar menos contaminantes y, ahora con ZeroWIN, a aprovechar los reducidos flujos de desechos. Un ejemplo en el sector energético es la reutilización de los lodos residuales en las refinerías para quemarlos y generar electricidad, evitando grandes problemas ambientales por las fugas en el transporte y en los rellenos peligrosos donde son depositados y generando un beneficio por evitar la compra de la electricidad producida. Otro ejemplo es la recolección en albercas del agua contaminada de desecho de los establos de animales, donde crecen algas. Estas algas son tratadas para que extraigan mayor cantidad de bióxido de carbono de la atmósfera y para que digieran el nitrógeno y el fósforo presentes y así producir grasas; dichas grasa puede ser extraída y convertida en biodiesel para la maquinaria de los agricultores.
            En Morelos, debemos cambiar drásticamente nuestra visión sobre la gestión de desechos. El camino es la eliminación del consumo voraz de productos por un gran segmento de nuestra sociedad, la reducción y reuso directo de desechos, y el aprovechamiento integral de los flujos de desechos entre los propios sectores industrial y comercial. Podemos hacer un sistema productivo más eficiente en costo y que proteja al ambiente.