17 oct. 2011

Evaluaciones y políticas educativas

publicado en La Jornada Morelos el 17 de octubre de 2011


Existe un conflicto entre los objetivos de la educación y su evaluación, que afecta a la mayoría de los debates que se manifiestan en este campo. ¿Se están evaluando las principales metas de la educación (conocer, convivir, hacer, ser) y determinadas competencias y valores asociados a ellas (innovación, creatividad, compasión, sensibilidad, justicia)? ¿Se están transmitiendo apropiadamente los resultados a la opinión pública? También, se está asumiendo que la calificación obtenida por un alumno en un examen puede ser la síntesis de la evaluación de un sistema educativo. Además, aún en estudios como el PISA, que establecen no sólo el lugar que cada país alcanza en los logros académicos de sus alumnos, sino también la equidad de su sistema escolar, prácticamente sólo se ha destacado la primera de estas informaciones y se ha relegado a la segunda.
            La Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) publicó este año un documento titulado “Avances y desafíos en la evaluación educativa” (ISBN: 978-84-7666-194-9), cuyos coordinadores fueron Elena Martín y Felipe Martínez Rizo. Se establece que los sistemas escolares tienen que dotarse de procedimientos que les permitan conocer en qué grado se van logrando las metas educativas que la sociedad les ha encargado y, sobre todo, las causas que se vinculan al grado de éxito. Parece legítimo, por tanto, afirmar que la evaluación es un factor fundamental e irrenunciable de la calidad de la enseñanza. Este libro pretende presentar una visión global de los distintos niveles, ámbitos y dimensiones que se incluyen dentro del amplio campo de la evaluación educativa. Sin embargo, la reflexión se centra en el contexto iberoamericano y se analizan los modelos y actividades que tienen mayor presencia en la región.
            Álvaro Marchesi presenta en este libro su artículo “Los resultados de las evaluaciones y su papel en las políticas educativas”, donde analiza el significado de la educación y los objetivos de la evaluación. Señala que las funciones de la educación escolar se fueron ampliando en la medida en que se incrementaban las exigencias sociales. Ya no se trata sólo de aprender determinados conocimientos, sino que es preciso “aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser”, de acuerdo con la propuesta del informe Délors. Y para ello es preciso que los profesores adquieran las competencias necesarias y que las escuelas se organicen de tal manera que estos objetivos formen parte indisociable del trabajo educativo.
Existe un acuerdo inicial entre la gran mayoría de los estudiosos del tema sobre el significado de la evaluación, según Marchesi: obtener información a través del conocimiento de la realidad y de procedimientos científicos contrastados. A partir de ahí aparecen las diferencias más notables. Un primer tipo de propuestas son las que ponen el acento principal en la valoración del proyecto: evaluar es determinar el mérito o el valor de algo. Otro conjunto de orientaciones insiste más bien en la adopción de decisiones y en el cambio de los programas como objeto de la evaluación. Finalmente, existe un tercer grupo de aproximaciones a la función de la evaluación referidas al desarrollo del conocimiento y a la sensibilización de los sectores interesados en la educación, donde el acento se sitúa en la participación, en el diálogo y en el cambio educativo.
Las relaciones entre la evaluación y la política educativa pueden comprenderse mejor al considerar simultáneamente las tres finalidades principales de la evaluación, considera Marchesi: información, valoración y orientación para la adopción de decisiones. A partir de la información obtenida por medio de los procedimientos técnicos adecuados, es preciso valorar cómo está funcionando aquello que se evalúa, si cumple los objetivos previstos, sus logros y sus carencias principales y, en la medida de lo posible, las causas o, si esto no fuera posible, los relatos asociados a esta situación. La determinación del mérito supone un juicio de valor en el que entran en juego factores educativos, políticos y éticos. Las decisiones que se asumen en la evaluación, como en la educación en su conjunto, no son neutras, sino que reflejan una determinada concepción del papel de la educación en la sociedad, de los objetivos educativos que deben destacarse y de los modelos de cambio que se consideran más pertinentes. No es extraño por ello que sea en el campo de la valoración del mérito de la realidad evaluada en donde las relaciones entre la evaluación y la política se hacen presentes de forma más nítida.
En Morelos, como en toda Latinoamérica según Marchesi, los programas y proyectos de reformas que han de ser evaluados proceden de decisiones políticas, los juicios de valor en los informes de evaluación reflejan aquellos presentes en la arena política y las orientaciones que se derivan de las evaluaciones se incorporan también al debate político. La comprensión de las diferencias entre la esfera de la política y la esfera de la evaluación, así como de sus continuas interacciones, junto con una actitud que fomente el diálogo y la participación, contribuyen a garantizar el logro de las finalidades de la evaluación. El apoyo en redes diversas, para que se debatan los resultados de las evaluaciones, en las que se recojan propuestas y sugerencias y en las que sea posible la crítica y las posiciones alternativas, es un respaldo al proceso de evaluación y una forma de contribuir a su utilización y a su impacto.

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