2 ene. 2012

Edificaciones eficientes al 2050


publicado en La Jornada Morelos el 2 de enero de 2012.
El consumo de energía de uso final de todas las edificaciones en México no ha sido cuantificado con precisión; sin embargo, podemos estimar que equivale al de los sectores residencial y comercial. Según la Secretaría de Energía (SENER), el consumo final de energía en 2009 fue de 4568 petajoules, de los cuales 762 correspondieron al residencial y 124 al comercial. Las emisiones totales de CO2 correspondientes a dicho consumo final de energía fue de 404 millones de toneladas, con una participación del sector residencial del 4.9 por ciento y del comercial cerca del 0.6 por ciento (Balance Nacional de Energía, 2010). Entonces, bajo el supuesto anterior, las edificaciones en México, en el año 2009, consumieron el 20 por ciento de la energía de uso final y emitieron el 5.5 por ciento del CO2 por dicho consumo. El desarrollo futuro de esta área debe ser considerada no sólo por su importancia energética relativa, la tercera a nivel nacional, sino por su crecimiento acelerado, ya que muchas de las edificaciones se construyen sin considerar el buen clima existente en la mayoría del país y, además, porque de ahora al año 2050 se deberán construir más de 30 ciudades para un millón de habitantes cada una.
La Agencia Internacional de Energía publica con regularidad sus llamados “mapas de ruta tecnológicos” (Technology Roadmaps), donde describen la situación actual de una tecnología energética y cómo esperan que ésta se desarrolle en el futuro. A mediados del año pasado, presentaron uno de estos trabajos titulado “Edificaciones eficientes energéticamente: equipos de calentamiento y enfriamiento” (Energy-efficient Buildings: Heating and Cooling Equipment). Lo coordinó Michael Taylor, director de Políticas y Tecnologías de Energía Sustentable de la AIE (OECD/IEA, 23 junio 2011). El propósito de este trabajo es convencer, con un sentido de urgencia, de la importancia de utilizar eficientemente la energía para consumir menos y, entonces, reducir las emisiones de CO2. También, identifica una trayectoria detallada para la evolución y la puesta en marcha de tecnologías claves y propone acciones de corto plazo para alcanzar las metas planteadas.
A nivel mundial, la energía final consumida en las edificaciones corresponde a una tercera parte del total y produce casi la misma fracción de las emisiones totales de CO2, señala el estudio. Tan sólo a la calefacción y al enfriamiento de los espacios interiores y al calentamiento de agua corresponden la mitad del consumo anterior. Estos usos finales están todavía dominados por la quema de combustibles fósiles y su consumo crece rápidamente al aumentar la mancha urbana.
Los elementos claves encontrados en este estudio sobre edificaciones a nivel mundial son: las tecnologías que ya se encuentran comerciales hoy, del tipo solar térmica, sistemas combinados calor-potencia, bombas de calor y almacenamiento térmico, tienen el potencial de reducir, al año 2050, las emisiones de CO2 por 2 mil millones de toneladas, que corresponden a las emisiones de casi 100 años por el uso final de energía de los sectores residencial y comercial en México, y ahorrar el consumo de 32,700 petajoules de energía, que corresponden al consumo de casi 40 años de la energía de uso final de los sectores residencial y comercial en México. También, cuantifica el esfuerzo que debe hacerse en investigación, desarrollo y demostración: al 2030, se deberán invertir 3.5 mil millones de dólares adicionales al año para reducir costos, aumentar eficiencias y mejorar la integración de componentes y sistemas, como las bombas de calor asistidas con energía solar, y después del 2030, se deben obtener tecnologías que sean mejores a las actuales. Propone que los gobiernos deben crear las condiciones económicas que permitan a las tecnologías de calefacción y enfriamiento cumplir criterios ambientales al menor costo, con políticas de amplio espectro que impulsen a todos los actores en un sector tan fragmentado como el de la construcción.
            Las acciones clave para implantar en los próximos 10 años, según el estudio, son: reunir grupos de trabajo que incorporen a todos los actores involucrados en políticas públicas para asegurar que las prioridades tecnológicas están alineadas en las áreas energéticas, ambientales, de seguridad y de planeación urbana, entre otras; desarrollar mapas de ruta nacionales, acordes con circunstancia locales, para incentivar la expansión del mercado y mejorar la integración de los sistemas; establecer programas de reducción de CO2 con metas cuantificables en plazos establecidos; implantar sistemas de adquisición de datos sobre el consumo de energía por uso final en el sector de la construcción, así como por tecnología y característica de la edificación; capacitar en el conocimiento y uso de los estándares tecnológicos a los arquitectos, ingenieros, diseñadores, constructores, operadores e inversionistas, así como del potencial de los equipos que están por ser comercializados; poner en marcha políticas y normas de mínima energía de operación en equipos y de incentivos económicos para corregir barreras del mercado como altos costos iniciales o fallas del mercado como consideraciones ambientales; asegurar esquemas obligatorios de calidad y de certificaciones para los equipos y los instaladores de nuevas tecnologías, acordes con la industria para simplificar la toma de decisiones, y compartir la información internacional para que la industria pueda reducir costos, acelerar su desarrollo tecnológico y garantizar productos de calidad y eficientes.
            En Morelos, se deben implantar objetivos y metas en ahorro de energía y emisiones de CO2  para edificaciones, identificar los códigos y normas correspondientes, establecer incentivos para el uso de tecnologías limpias y eficientes, promover la eficiencia en el uso tanto de la electricidad como de la energía térmica, utilizar tecnologías eficientes y de bajas emisiones en todas las edificaciones públicas, y aplicar los conocimientos generados en las universidades y centros de investigación locales.

1 comentario:

Karla Cedano dijo...

¿Qué nos pasó, del siglo pasado a este, que perdimos de vista la ubicación geográica, el clima local, la orientación del sol, las corrientes de aire, las barrancas, los pozos de agua cercanos, al construir? ¿Cómo perdimos de vista la importancia de un diseño bien pensado, de una construcción bien orientada para aumentar el confort? Parece que al haber soluciones tecnológicas para aclimatar la vivienda (luz artificial, aire acondicionado, calentadores, etc.), decidimos construir sin pensar y confiar en la tecnología para suplir la falta de ingenio y de capacidades de observación de arquitectos e ingenieros. El costo lo estamos pagando, no sólo en la factura de CFE, sino en el alarmante incremento de emisiones de CO2 producto de este diseño sin sentido, y del derroche energético que gastamos para aclimatar nuestros hogares.
Ante la crisis energética actual, tenemos una gran oportunidad para, mirando al futuro, diseñar inteligente y sustentablemente la vivienda de los próximos años. Ya no estaremos nosotros, como ya no están quienes construyeron las casas que habitamos algunos, pero quienes hereden nuestros espacios, nos agradecerán la inversión en tiempo y en intelecto que les permitirá tener edificaciones cómodas, iluminadas y energéticamente eficientes...