30 jul. 2012

CTI para Desarrollo y Cohesión


El conocimiento científico y tecnológico es una de las principales riquezas de las sociedades contem­poráneas y un elemento indispensable para impulsar el desarrollo económico y social. La ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) se han convertido en herramientas necesarias para la transformación de las estructuras productivas, la explotación racional de los recursos naturales, el cuidado de la salud, la alimentación, la educación y otros requerimientos sociales. Sin embargo, en México y el resto de América Latina, según Álvaro Marchesi, Secretario General de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), existen desafíos a enfren­tar: desarrollo productivo; equidad distributiva; cohesión, ciudadanía y participación; educación de calidad y con amplia cobertura; cooperación y construcción de espacios internacionales, y madurez científica y tecnológica, entre otros.
            La OEI, a través del Observatorio de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad, dependiente del Centro de Altos Estudios Universitarios, publicó el 26 de julio de 2012 un documento titulado “Ciencia, tecnología e innovación para el desarrollo y la cohesión social. Programa iberoamericano para la década de los bicentenarios” (ISBN: 978-84-7666-240-3). Dicho documento tiene el propósito de constituir un aporte para una discusión amplia y generosa, cuyo resultado sea un diagnóstico compartido y un conjunto de propuestas que puedan transformarse en un programa común. El texto inicial ha sido elaborado por un grupo de expertos y coordinado por Mario Albornoz. A lo largo de los próximos meses será enriquecido, corregido y ajustado siguiendo las sugerencias que sean formuladas por un amplio número de colegas de Iberoamérica que serán invitados a emitir su opinión. Para el debate del documento la OEI ha creado una cuenta en twitter @EspacioIBC y un grupo específico en su red de actores sociales con el nombre de Ciencia, Tecnología e Innovación para el desarrollo y la cohesión social.
Es fundamental definir las áreas estratégicas, teniendo en cuenta que la consolidación de nuevos pa­radigmas tecno científicos con capacidad de penetración horizontal está trasformando la producción en casi todos los sectores, señala el documento. En ese sentido, es posible asignar carácter estratégico a la investigación en tecnologías de la información y la comunicación, nanotecnología, biotecnología, tecnología de alimentos, biodiversidad, descontaminación, energía, explotación sustentable de recursos naturales, forestación, recursos hídricos y transporte, entre otros temas. Orientar las políticas en forma eficaz hacia metas de cohesión social y ciudadanía puede ser enten­dido como un caso específico de innovación social. Se deben generar orientaciones estratégicas que vinculen las capacidades en ciencia y tecnología con los problemas sociales, utilizando para ello un enfoque amplio de participación. Vincular en forma sistémica las instituciones de ciencia y tecnología con las demandas sociales conlleva un proceso que moviliza a muchos otros actores, además de la comuni­dad científica.
El documento plantea que pensar la ciencia y la tecnología consiste, en primer término, en tratar de dar respuesta a la cuestión acerca de qué estilo de investigación científica y tecnológica puede satisfacer simultáneamente la misión de aportar al avance del conocimiento y a la solución de los grandes problemas de la región. En segundo término, consiste en abordar la cuestión de los vínculos y las intermediaciones entre las instituciones del conocimiento y los actores sociales. Asimismo, la difusión social de la ciencia y la tecnología es una cuestión central, que está en la base de cual­quier estrategia de estímulo a la innovación. Se requiere para ello un equilibrio no siempre fácil, entre adoptar para la investigación parámetros de excelencia y calidad internacionales y asegurarse de que dichos parámetros garanticen que la ciencia y la tecnología contribuirán a la solución de las necesidades nacionales de nuestros países.
            El diagnóstico de la capacidad de los países iberoamericanos en ciencia, tecnología e innovación pone de manifiesto la debilidad del conjunto, si bien existen diferencias pronunciadas entre ellos, indica el documento. Es necesario diferenciar trayectorias y situaciones nacionales, así como también momentos de avan­ces y retrocesos en cada país, aunque la disparidad de situaciones no puede enmascarar el hecho de que la región ocupa hoy un lugar muy secundario en la escena internacional de la ciencia y la tecno­logía, lo que constituye un reto a la posibilidad de implementar estrategias de desarrollo basadas en el conocimiento. Resulta necesario considerar un conjunto de estrategias para el logro de los siguientes objetivos: fortalecer la innovación y el desarrollo tecnológico; orientar la investigación con criterios de excelencia y relevancia; vincular la investigación y el desarrollo con las demandas sociales; fomentar la investigación en ciencias sociales; mejorar la calidad educativa y promover las carreras científicas; fomentar la cultura científica y la percepción pública de la ciencia y la tecnología; aumentar la inversión en investigación y desarrollo; aumentar el número de investigadores y tecnólogos, y fortalecer la gestión de las instituciones científicas y tecnológicas.
            En Morelos, como en todo el mundo, la articulación entre las políticas de ciencia, tecnología e innovación y las restantes políticas públi­cas en otras áreas de intervención estatal es insuficiente en términos generales. Este problema de articulación refiere a la capacidad del Estado de concertar intereses detrás de proyec­tos colectivos frente al natural conflicto de intereses entre los actores en juego. Cuando se tienen capacidades en investigación, desarrollo e innovación es imprescindible aprove­charlas para el desarrollo económico y social.

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