9 jul. 2012

Datos responsables en el 2020

publicado en La Jornada Morelos el 9 de julio de 2012

Los dispositivos, equipos y sistemas electrónicos que utilizamos en la actualidad están generando una gran cantidad de datos que debemos traducir para utilizarlos en nuestro beneficio: por ejemplo, sistemas geo referenciados, para saber qué pasa y dónde, y sensores, para conocer la temperatura, presión, velocidad, peligrosidad de gases, o detectar radiación, entre otros parámetros, de miles de equipos que tenemos en casa, el automóvil o la industria. Los algoritmos son el conjunto ordenado y finito de operaciones que encuentra la solución de un problema y que nos permite transformar los datos, escritos en ceros y unos de manera digital, en información útil para el ser humano y la sociedad. Debemos recordar que el proceso de diseño, manufactura y desarrollo de las plataformas computacionales de estos equipos electrónicos tarda alrededor de diez años y, por eso, muchas empresas de diversas ramas industriales en el 2012 deben empezar a trabajar sobre el 2020.
            Brian David Johnson escribió, en la revista The Futurist de Julio-Agosto de este año, el artículo “La Vida Secreta de los Datos en el 2020” (“The Secret Life of Data in the Year 2020”. The Futurist, July-August 2012, Vol. 46, No. 4). El trabajo de Johnson como futurista de la Compañía Intel es pensar en cómo podría ser el mundo en 10 o 15 años y modelar cómo actuarán las personas e interactuarán con los dispositivos electrónicos del futuro, o cualquier producto que tenga un chip integrado.
            La mayoría de las personas en el 2020 sentirá como si sus datos tuvieran vida propia, asegura Johnson. Con la gran cantidad de sensores que habrá en coches, edificios, electrodomésticos, computadoras, ropa y en nuestros cuerpos, entre otros, el flujo y la cantidad enorme de datos nos avasallará y será muy difícil transformarlos en información útil y en conocimiento. Tendremos algoritmos que interactuarán con otros algoritmos, máquinas interactuando con otras máquinas, máquinas con algoritmos. También tendremos sensores y cámaras recopilando datos, que serán manejados por computadoras para entregarlos a más algoritmos y máquinas. Los datos tendrán una vida secreta separada del contacto humano, aunque no tendrán sentido por sí mismos.
            Desde el punto de vista de la ingeniería, señala Johnson, cuando se diseña un algoritmo de este tipo es imprescindible asegurarse que se tiene un entendimiento de lo que significa ser humano. ¿Cómo encajará en sus vidas? Los diseñadores deben entender lo que las personas harán con estos datos. ¿Cómo afectarán su vida diaria? ¿Cómo harán su vida mejor?
            La necesidad de que los algoritmos entiendan a las personas es explicada por Johnson con el siguiente ejemplo. Se programó un teléfono celular inteligente para registrar todos los movimientos de una persona durante el día con la finalidad de probar si un software especial podía entender qué hacia. Después de un mes, se analizó el reporte sobre la información específica que se había obtenido sobre la persona. Un resultado importante es que la persona “vivía” en tres lugares: su casa, la oficina y la intersección de dos calles que cruzaba dos veces al día y que tiene mucho tráfico. El tercero es un claro error de programación que puede ser arreglado rápidamente si conocemos el tipo de vida de las personas. La conclusión de este ejercicio es que las características de las personas y su interacción con las características de la sociedad son los datos más importantes.
            En la era de la cantidad súper masiva de datos y en el contexto de tipos de vida que no se conocen plenamente, ¿cómo puede hacer el programador de algoritmos para que la información tenga sentido? Johnson afirma que se necesitan nuevas formas de conceptualizar y pensar sobre los datos que no sea de manera binaria, ceros o uno, como en los últimos cincuenta años. Él propone se piense que los datos tienen vida propia y así se programe. Es decir, que los datos tengan responsabilidades, en particular que entreguen información pertinente al contexto de las personas. Estos datos y estos sistemas tendrán, al final, que interactuar con otros datos y otros sistemas de manera independiente.
            En Morelos, muchas personas ya están acostumbradas a una relación con los datos que las acerca a lo que quieren: comprar con tarjeta de débito en una infinidad de tiendas; comprar en línea, con “picarle” a un botón en la computadora nuestro producto está cargado a nuestra cuenta y viene en camino; acceder a un estacionamiento, o una biblioteca, acercando una tarjeta a un dispositivo con un foquito, o que el vehículo nos informe que se está sobrecalentando o que necesita ir al servicio de mantenimiento. Sin embargo, debemos pensar si dejamos que la confidencialidad y la seguridad de nuestros datos, así como la forma que los manejaremos cuando su número sea enorme, recaigan en compañías extranjeras o, por el contrario, impulsemos a nuestros centros de investigación y empresas para asegurar que la responsabilidad de los datos concuerde con nuestras prioridades y nuestra forma de vida.

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