30 jul. 2012

CTI para Desarrollo y Cohesión


El conocimiento científico y tecnológico es una de las principales riquezas de las sociedades contem­poráneas y un elemento indispensable para impulsar el desarrollo económico y social. La ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) se han convertido en herramientas necesarias para la transformación de las estructuras productivas, la explotación racional de los recursos naturales, el cuidado de la salud, la alimentación, la educación y otros requerimientos sociales. Sin embargo, en México y el resto de América Latina, según Álvaro Marchesi, Secretario General de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), existen desafíos a enfren­tar: desarrollo productivo; equidad distributiva; cohesión, ciudadanía y participación; educación de calidad y con amplia cobertura; cooperación y construcción de espacios internacionales, y madurez científica y tecnológica, entre otros.
            La OEI, a través del Observatorio de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad, dependiente del Centro de Altos Estudios Universitarios, publicó el 26 de julio de 2012 un documento titulado “Ciencia, tecnología e innovación para el desarrollo y la cohesión social. Programa iberoamericano para la década de los bicentenarios” (ISBN: 978-84-7666-240-3). Dicho documento tiene el propósito de constituir un aporte para una discusión amplia y generosa, cuyo resultado sea un diagnóstico compartido y un conjunto de propuestas que puedan transformarse en un programa común. El texto inicial ha sido elaborado por un grupo de expertos y coordinado por Mario Albornoz. A lo largo de los próximos meses será enriquecido, corregido y ajustado siguiendo las sugerencias que sean formuladas por un amplio número de colegas de Iberoamérica que serán invitados a emitir su opinión. Para el debate del documento la OEI ha creado una cuenta en twitter @EspacioIBC y un grupo específico en su red de actores sociales con el nombre de Ciencia, Tecnología e Innovación para el desarrollo y la cohesión social.
Es fundamental definir las áreas estratégicas, teniendo en cuenta que la consolidación de nuevos pa­radigmas tecno científicos con capacidad de penetración horizontal está trasformando la producción en casi todos los sectores, señala el documento. En ese sentido, es posible asignar carácter estratégico a la investigación en tecnologías de la información y la comunicación, nanotecnología, biotecnología, tecnología de alimentos, biodiversidad, descontaminación, energía, explotación sustentable de recursos naturales, forestación, recursos hídricos y transporte, entre otros temas. Orientar las políticas en forma eficaz hacia metas de cohesión social y ciudadanía puede ser enten­dido como un caso específico de innovación social. Se deben generar orientaciones estratégicas que vinculen las capacidades en ciencia y tecnología con los problemas sociales, utilizando para ello un enfoque amplio de participación. Vincular en forma sistémica las instituciones de ciencia y tecnología con las demandas sociales conlleva un proceso que moviliza a muchos otros actores, además de la comuni­dad científica.
El documento plantea que pensar la ciencia y la tecnología consiste, en primer término, en tratar de dar respuesta a la cuestión acerca de qué estilo de investigación científica y tecnológica puede satisfacer simultáneamente la misión de aportar al avance del conocimiento y a la solución de los grandes problemas de la región. En segundo término, consiste en abordar la cuestión de los vínculos y las intermediaciones entre las instituciones del conocimiento y los actores sociales. Asimismo, la difusión social de la ciencia y la tecnología es una cuestión central, que está en la base de cual­quier estrategia de estímulo a la innovación. Se requiere para ello un equilibrio no siempre fácil, entre adoptar para la investigación parámetros de excelencia y calidad internacionales y asegurarse de que dichos parámetros garanticen que la ciencia y la tecnología contribuirán a la solución de las necesidades nacionales de nuestros países.
            El diagnóstico de la capacidad de los países iberoamericanos en ciencia, tecnología e innovación pone de manifiesto la debilidad del conjunto, si bien existen diferencias pronunciadas entre ellos, indica el documento. Es necesario diferenciar trayectorias y situaciones nacionales, así como también momentos de avan­ces y retrocesos en cada país, aunque la disparidad de situaciones no puede enmascarar el hecho de que la región ocupa hoy un lugar muy secundario en la escena internacional de la ciencia y la tecno­logía, lo que constituye un reto a la posibilidad de implementar estrategias de desarrollo basadas en el conocimiento. Resulta necesario considerar un conjunto de estrategias para el logro de los siguientes objetivos: fortalecer la innovación y el desarrollo tecnológico; orientar la investigación con criterios de excelencia y relevancia; vincular la investigación y el desarrollo con las demandas sociales; fomentar la investigación en ciencias sociales; mejorar la calidad educativa y promover las carreras científicas; fomentar la cultura científica y la percepción pública de la ciencia y la tecnología; aumentar la inversión en investigación y desarrollo; aumentar el número de investigadores y tecnólogos, y fortalecer la gestión de las instituciones científicas y tecnológicas.
            En Morelos, como en todo el mundo, la articulación entre las políticas de ciencia, tecnología e innovación y las restantes políticas públi­cas en otras áreas de intervención estatal es insuficiente en términos generales. Este problema de articulación refiere a la capacidad del Estado de concertar intereses detrás de proyec­tos colectivos frente al natural conflicto de intereses entre los actores en juego. Cuando se tienen capacidades en investigación, desarrollo e innovación es imprescindible aprove­charlas para el desarrollo económico y social.

24 jul. 2012

Hacia una Gobernanza Verde


La crisis financiera mundial que comenzó en 2007, y sigue resonando hoy en día, es considerada por muchos economistas como la peor crisis financiera desde la Gran Depresión de la década de 1930. Una de las principales lecciones que podemos extraer de esta experiencia es que el funcionamiento de las economías en la forma en que lo hemos hecho siempre, haciendo lo de siempre, claramente no es una opción. Debemos cambiar de paradigma en nuestro desarrollo económico y una opción viable es la economía verde, que es una propuesta alternativa y mucho más sostenible de hacer negocios. Una economía verde se describe como una economía que tiene como resultado mejorar el bienestar humano y la equidad social, reduciendo significativamente los riesgos ambientales e incrementando la eficiencia de los recursos y, al mismo tiempo, que sea socialmente inclusiva.
El dilema al que nos enfrentamos entre la actual economía convencional y una nueva propuesta de economía verde se ilustra mejor a través de un influyente artículo escrito por Garrett Hardin, La Tragedia de los Comunes, en 1968. Él describe un pastizal común en la que varios agricultores permiten a su ganado pastar. Con el fin de aumentar la riqueza individual, está en el interés de cada agricultor ampliar su rebaño y continuar en el mismo pedazo de tierra. Pero después de que el umbral de un cierto número de ganado se supera, la calidad de la tierra comienza a disminuir con cada vaca añadida. Dado que nadie es individualmente responsable de la tierra y no se cobra cuota para el pastoreo, cada agricultor sigue maximizando las ganancias al aumentar el tamaño de su rebaño. El problema, sin embargo se mantiene en que la calidad de la tierra se sigue degradando con la creciente presión de los rebaños creciendo y pronto no hay suficiente pasto para alimentar a las vacas. Los agricultores aumentaron su ganado y todos se beneficiaron al principio, pero, al final, los medios de vida se acaban y todo el mundo pierde en este escenario (http://www.unep.org/spanish/wed/greeneconomy).
            La Coalición para la Economía Verde (GEC, por sus siglas en inglés) se conforma por un conjunto diverso de instituciones y sectores, tales como: organizaciones no gubernamentales, institutos de investigación, organizaciones de Naciones Unidas, empresas y sindicatos que se han unido porque la economía no está entregando un ambiente limpio, ni una sociedad equitativa. La visión de la Coalición es alcanzar una economía resiliente que provee una mejor calidad de vida para todos dentro de los límites ecológicos del planeta y su misión es acelerar la transición hacia una nueva economía verde.
            Rula Qalyoubi escribió el pasado junio un artículo para esta Coalición sobre “Los Siete Pasos hacia una Gobernanza Verde” (The seven steps towards green governance, http://greeneconomycoalition.org/know-how/seven-steps-towards-green-governance) donde explica que lograr esta transformación sin tener sobresaltos en el camino depende de condiciones vinculadas que son tanto necesarias como suficientes. Éstas incluyen compromiso político, sustento legal y regulatorio, implantación de instrumentos financieros, viabilidad tecnológica, formación de personas, establecimiento de instituciones apropiadas y lenguaje común.
            El compromiso político presupone, según Qalyoubi, que las herramientas fiscales y monetarias se están usando para alejar la economía del proceso de “negocios como siempre”. Esto incluye invertir en investigación, desarrollo, demostración, implantación y comercialización de diferentes tecnologías renovables tanto en actividades de producción como de consumo.
            Si las políticas públicas y la toma de decisiones no están sustentadas en un sólido marco de referencia legal, entonces sólo son de naturaleza ornamental, asegura el autor. Las reformas legales requieren la revisión de las leyes presentes y ajustar su jurisprudencia a través de directivas y correcciones.  En algunas áreas será necesario fortalecer el sistema legal, tal vez comparando con las mejores prácticas internacionales.
            Las autoridades pueden, si existe un cuerpo regulador, iniciar un cambio en el paradigma de las políticas públicas a través de tres acciones simultáneas, indica el autor: establecer mecanismos para prevenir el uso y el abuso de recursos naturales; revaluar los incentivos y redirigir algunos fondos hacia proyectos que provean de soluciones permanentes a los asuntos de seguridad energética, y reducir el riesgo financiero asociado con las inversiones privadas verdes mediante el apoyo gubernamental creciente a la investigación y el desarrollo que incremente la eficiencia de los sistemas que se utilizan en la actualidad y que apoye el desarrollo y la demostración de dispositivos, equipos y sistemas que aprovechen a las energías renovables.
            Aún con suficientes instrumentos financieros funcionando, la selección de las tecnologías renovables puede ser un reto. El autor propone tres pasos para probar la selección de una tecnología por parte del gobierno: apoyar con fondos a grupos de trabajo que debatan sobre el tipo de tecnología más adecuada a las actuales condiciones geopolíticas y climáticas, invertir en la elaboración de análisis de sensibilidad del funcionamiento de todas las tecnologías, y evaluar de manera continua la competitividad de las tecnologías más prometedoras.
            La inversión para capacitar y formar personal es crucial y debe enfocarse al saber-qué, saber-cómo y saber-por qué, señala el autor. Durante épocas de crisis es especialmente importante que el gobierno financie la formación de los cuadros expertos necesarios para poder salir de esta situación.
            Los ajustes institucionales son indispensables para adoptar y adaptar las soluciones innovadoras, recuerda el autor. No sólo se debe fomentar e impulsar a que otras instituciones aprovechen los sistemas eficientes y las energías renovables, la administración pública central requiere incorporarse también al cambio, tanto usando menos recursos naturales como siendo más eficientes o incluso satisfaciendo parte de sus propias necesidades.
            El lenguaje común implica, de acuerdo al autor, la estandarización de metas, indicadores y unidades de medida, así como un código unificado de prácticas, acreditación de productos y servicios, y procesos consolidados y acordados en todos los niveles de gobierno para impulsar los asuntos verdes.
            En Morelos, confiamos que el nuevo gobierno facilitará la puesta en marcha de la economía verde por medio del diálogo con los sectores privados y sociales; ya que es la forma más directa de impulsar un desarrollo económico sólido que respete al ambiente e incremente el bienestar de nuestra sociedad.

19 jul. 2012

Soluciones para un Planeta Sustentable.

publicado el 19 de julio de 2012 en La Jornada Morelos

La actual situación mundial se caracteriza por una reducción de reservas naturales finitas, el cambio climático, graves desigualdades sociales y crisis financieras; por lo que es imperioso establecer un desarrollo que tenga un impacto benéfico y efectivo en las personas y en el planeta, de manera simultánea. La conferencia mundial de Rio+20, celebrada en junio pasado, desafortunadamente no produjo ningún compromiso vinculante nuevo entre los países. Las declaraciones de gobiernos, empresarios, investigadores y organizaciones de la sociedad civil coinciden en que no es una opción continuar con el modelo tendencial de “seguir haciendo lo mismo” para resolver los graves problemas que enfrentamos. Sin embargo, desde 1982, en las conferencias mundiales sobre el tema los gobiernos no han logrado ponerse de acuerdo en qué hacer para mejorar esta situación: en particular, ¿cómo cambiamos de curso? y ¿qué debemos hacer para alcanzar un planeta donde vivamos seguros?
El Instituto Internacional para el Ambiente y el Desarrollo (IIED, por sus siglas en inglés) organizó una reunión de dos días llamada “Feria de Ideas” , durante el fin de semana anterior a la reunión global de Rio+20 (2012 Earth Summit) con sede en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro. Se reunieron casi 1,000 personas, entre políticos, activistas ambientales, empresarios, investigadores y actores comunitarios, para compartir sus ideas y experiencias sobre cómo alcanzar un cambio hacia el desarrollo sustentable. Miembros del IIED escribieron un documento que resume las discusiones, experiencias y propuestas ahí presentadas para encaminarnos en la vía del desarrollo sustentable.
            El documento señala que en la “Feria de Ideas” se concluyó que la mejor manera de transformar nuestro sistema económico es por medio de la “economía verde”, acorde con tres criterios básicos: primero, mejorar el nivel de vida de las personas y los países más pobres, al proveer trabajos, incrementar el acceso a alimentos, energía y otros recursos, y reducir la vulnerabilidad a la competencia y a los cambios sociales bruscos; segundo, reducir la brecha entre los más ricos y los más pobres, tanto entre países como dentro de cada uno, logrando una repartición más equilibrada y equitativa de nuestros recursos finitos, y tercero, esta economía verde debe ser propiedad y desarrollada principalmente a niveles local y nacional, surgiendo de las instituciones y experiencias locales, ya que no puede ser exportada directamente de otras sociedades.
            Los mensajes clave alcanzados en la “Feria de Ideas” son, según el documento: primero, la transformación a una economía verde no reduce per se el desarrollo económico, más bien logra que la población salga de la pobreza a través de un mejor uso de los recursos naturales que esté asociado a los conocimientos locales; segundo, los pobres en las ciudades enfrentan enormes problemas de desarrollo que están interrelacionados con juegos políticos muy complejos, por lo que es necesario que ellos se vuelvan actores responsables en las organizaciones que promueven el bienestar de sus localidades; tercero, existen diversas formas en que el sector privado promueva la sustentabilidad, asegurando la repartición de beneficios, transparencia y solvencia, y cuarto, el establecimiento de metas en el desarrollo sustentable focaliza los esfuerzos generales y particulares, identificando cursos de acción que deben promover la innovación y la acción.


            En la “Feria de Ideas” también se identificaron áreas prioritarias de investigación, indica el documento: primera, ¿qué funciona y por qué?, ya que es necesario obtener evidencias contundentes de métodos exitosos centrados en la participación de pequeños productores y emprendedores locales y su interacción con los mercados y con los actores más poderosos en sectores como el agrícola, el forestal, el energético y el minero; segunda, ¿cómo invertir en la resiliencia climática de zonas urbanas?, al analizar aquellas ciudades donde sus habitantes han sido conscientes del cambio climático y han actuado para prevenir problemas locales futuros; tercera, ¿cómo pueden establecerse metas para el desarrollo sustentable que reduzcan las desigualdades?, al identificar indicadores particulares que permitan dar seguimiento puntual a las acciones seleccionadas, y cuarta, ¿cómo pueden ser alcanzados principios incluyentes en una economía verde?, al entender e incorporar el valor del capital natural en el contexto de nuestras fronteras planetarias y utilizar incentivos como pagos por servicios ambientales en el contexto de la equidad y la sustentabilidad.
            En Morelos, debemos considerar las principales ideas motivadoras alcanzadas en la “Feria de Ideas”, reportadas en el documento: escuchar las voces no consideradas rutinariamente, como las de los pobladores locales conscientes de sus derechos y expectativas; educar e innovar, para aumentar la participación de la sociedad civil en la toma de decisiones políticas, incorporar valores sociales a las disciplinas técnicas y encontrar nuevos métodos de transferir conocimientos; lograr beneficios sociales, al identificar cómo las alianzas público y privadas puedan entregar los beneficios sociales que las poblaciones locales necesitan, y dialogar actuando, porque es necesario el acuerdo de las mayorías sin interrumpir el progreso de la sociedad.

9 jul. 2012

Datos responsables en el 2020

publicado en La Jornada Morelos el 9 de julio de 2012

Los dispositivos, equipos y sistemas electrónicos que utilizamos en la actualidad están generando una gran cantidad de datos que debemos traducir para utilizarlos en nuestro beneficio: por ejemplo, sistemas geo referenciados, para saber qué pasa y dónde, y sensores, para conocer la temperatura, presión, velocidad, peligrosidad de gases, o detectar radiación, entre otros parámetros, de miles de equipos que tenemos en casa, el automóvil o la industria. Los algoritmos son el conjunto ordenado y finito de operaciones que encuentra la solución de un problema y que nos permite transformar los datos, escritos en ceros y unos de manera digital, en información útil para el ser humano y la sociedad. Debemos recordar que el proceso de diseño, manufactura y desarrollo de las plataformas computacionales de estos equipos electrónicos tarda alrededor de diez años y, por eso, muchas empresas de diversas ramas industriales en el 2012 deben empezar a trabajar sobre el 2020.
            Brian David Johnson escribió, en la revista The Futurist de Julio-Agosto de este año, el artículo “La Vida Secreta de los Datos en el 2020” (“The Secret Life of Data in the Year 2020”. The Futurist, July-August 2012, Vol. 46, No. 4). El trabajo de Johnson como futurista de la Compañía Intel es pensar en cómo podría ser el mundo en 10 o 15 años y modelar cómo actuarán las personas e interactuarán con los dispositivos electrónicos del futuro, o cualquier producto que tenga un chip integrado.
            La mayoría de las personas en el 2020 sentirá como si sus datos tuvieran vida propia, asegura Johnson. Con la gran cantidad de sensores que habrá en coches, edificios, electrodomésticos, computadoras, ropa y en nuestros cuerpos, entre otros, el flujo y la cantidad enorme de datos nos avasallará y será muy difícil transformarlos en información útil y en conocimiento. Tendremos algoritmos que interactuarán con otros algoritmos, máquinas interactuando con otras máquinas, máquinas con algoritmos. También tendremos sensores y cámaras recopilando datos, que serán manejados por computadoras para entregarlos a más algoritmos y máquinas. Los datos tendrán una vida secreta separada del contacto humano, aunque no tendrán sentido por sí mismos.
            Desde el punto de vista de la ingeniería, señala Johnson, cuando se diseña un algoritmo de este tipo es imprescindible asegurarse que se tiene un entendimiento de lo que significa ser humano. ¿Cómo encajará en sus vidas? Los diseñadores deben entender lo que las personas harán con estos datos. ¿Cómo afectarán su vida diaria? ¿Cómo harán su vida mejor?
            La necesidad de que los algoritmos entiendan a las personas es explicada por Johnson con el siguiente ejemplo. Se programó un teléfono celular inteligente para registrar todos los movimientos de una persona durante el día con la finalidad de probar si un software especial podía entender qué hacia. Después de un mes, se analizó el reporte sobre la información específica que se había obtenido sobre la persona. Un resultado importante es que la persona “vivía” en tres lugares: su casa, la oficina y la intersección de dos calles que cruzaba dos veces al día y que tiene mucho tráfico. El tercero es un claro error de programación que puede ser arreglado rápidamente si conocemos el tipo de vida de las personas. La conclusión de este ejercicio es que las características de las personas y su interacción con las características de la sociedad son los datos más importantes.
            En la era de la cantidad súper masiva de datos y en el contexto de tipos de vida que no se conocen plenamente, ¿cómo puede hacer el programador de algoritmos para que la información tenga sentido? Johnson afirma que se necesitan nuevas formas de conceptualizar y pensar sobre los datos que no sea de manera binaria, ceros o uno, como en los últimos cincuenta años. Él propone se piense que los datos tienen vida propia y así se programe. Es decir, que los datos tengan responsabilidades, en particular que entreguen información pertinente al contexto de las personas. Estos datos y estos sistemas tendrán, al final, que interactuar con otros datos y otros sistemas de manera independiente.
            En Morelos, muchas personas ya están acostumbradas a una relación con los datos que las acerca a lo que quieren: comprar con tarjeta de débito en una infinidad de tiendas; comprar en línea, con “picarle” a un botón en la computadora nuestro producto está cargado a nuestra cuenta y viene en camino; acceder a un estacionamiento, o una biblioteca, acercando una tarjeta a un dispositivo con un foquito, o que el vehículo nos informe que se está sobrecalentando o que necesita ir al servicio de mantenimiento. Sin embargo, debemos pensar si dejamos que la confidencialidad y la seguridad de nuestros datos, así como la forma que los manejaremos cuando su número sea enorme, recaigan en compañías extranjeras o, por el contrario, impulsemos a nuestros centros de investigación y empresas para asegurar que la responsabilidad de los datos concuerde con nuestras prioridades y nuestra forma de vida.

2 jul. 2012

Bioeconomía al 2030

publicado en La Jornada Morelos el 2 de julio de 2012

La biotecnología se puede definir como el conjunto de ciencias y técnicas para usar, de manera óptima, la materia viva en beneficio de la sociedad. Ofrece soluciones específicas para problemas de primera importancia que enfrenta la humanidad. Su aplicación a la producción primaria, salud e industria resulta en un crecimiento de la economía global ahora incipiente pero que en futuro será muy significativo; a esta aportación se le llama bioeconomía. El futuro de esta rama estará probablemente ligada a tres conceptos: conocimiento avanzado de procesos con genes y células complejas, energía renovable de la biomasa y la integración de aplicaciones de la biotecnología en todos los sectores industriales.
El grupo del Programa Internacional sobre Futuros de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) realizó un estudio titulado “La Bioeconomía al 2030: diseñando una agenda de políticas” (THE BIOECONOMY TO 2030: DESIGNING A POLICY AGENDA – ISBN-978-92-64-03853-0 © OECD 2009. http://www.oecd.org/futures/bioeconomy/2030). Este libro evalúa la evidencia existente y las características de la innovación biotecnológica para estimar el estado actual, al 2015 y al 2030 de la economía sustentada en conocimientos y desarrollos relacionados con la biología. También, plantea una agenda de políticas para ayudar a guiar el uso de la biotecnología para resolver retos actuales y futuros.
Varios factores guiarán la emergencia de la bioeconomía al crear oportunidades de inversión, señala el reporte: alcanzar el reto de una producción alimentaria sustentable con aumento de población y de ingreso per cápita en agricultura, bosques y pesquería y satisfacer el aumento en la demanda energético con menos emisiones de gases de efecto invernadero, entre otros. También, su evolución estará influenciada por apoyo a la investigación pública, reglamentación, derechos de propiedad intelectual y actitudes sociales.
El reporte identifica dos nuevos modelos de negocios que podrán emerger en el futuro: modelos colaborativos para compartir conocimientos y reducir costos de investigación y modelos integradores para crear y mantener mercados. Los colaborativos son relevantes a todas las áreas de aplicación y su adopción, combinada con nuevas oportunidades de negocios para cosechas de biomasa no alimentarias, podría revitalizar pequeñas firmas dedicadas a la producción primaria y a la industria. Los integradores podrían utilizarse en el área de salud para administrar la complejidad de la medicina predictiva y preventiva, que está basada en biomarcadores, farmacogenética y análisis de inmensos bancos de datos.
¿Cómo será la bioeconomía en el año 2030? El reporte describe un escenario probable y desarrolla dos escenarios posibles acordes con la diferente interacción de varios factores. La “bioeconomía probable” se construyó con base en los tipos de productos que probablemente lleguen a los mercados en el 2015 y se estima que podría aportar el 2.7 por ciento del Producto Interno Bruto de los países de la OCDE en el 2030, con la mayor participación en industria y producción primaria, seguida por aplicaciones en salud. En los países en desarrollo la aportación económica podría ser aún mayor por la importancia de estos dos sectores en sus mercados. Los escenarios suponen un mundo multipolar, donde ningún país o región domina los asuntos mundiales e incluyen eventos plausibles que podrían influenciar la emergencia de la bioeconomía. El primer escenario alternativo describe cómo un cambio en el sistema de financiamiento de terapias favorece un cambio rápido en la innovación de la medicina regenerativa. En el segundo, se plantea cómo cierta actitud pública puede bloquear el desarrollo de la biotecnología a su máximo potencial. Los escenarios también exploran diferentes caminos tecnológicos, como una mayor competencia entre biocombustibles o un avance importante en el sistema de transporte eléctrico.
            El impacto de la bioeconomía en el 2030 dependerá finalmente, indica el reporte, del balance entre la gobernanza, incluyendo el grado de cooperación internacional, y la competitividad de las innovaciones biotecnológicas. Sus beneficios sociales y económicos dependerán del establecimiento de buenas políticas públicas. Cada tipo de innovación puede tener efectos incrementales, disruptivos o radicales. La mayoría de los casos de innovaciones incrementales se ajustan bien a la economía y a la regulación existente. Las innovaciones disruptivas o radicales pueden llevar a la desaparición de compañías y estructuras industriales y, seguramente, a aumentos enormes en la productividad. Obtener los máximos beneficios de la bioeconomía requiere de políticas públicas propositivas y orientadas a la obtención de objetivos específicos. Lo anterior necesita del liderazgo del gobierno y de las principales compañías para establecer metas en la aplicación de biotecnologías a la producción primaria, industria y salud; para lograr condiciones estructurales necesarias como acuerdos a niveles internacional y regional, y para desarrollar mecanismos que aseguren la flexibilidad de las políticas frente a las nuevas oportunidades.
En Morelos, tenemos un número muy importante de grupos de investigación de calidad internacional en biotecnología. Dichos grupos han producido ya innovaciones de impacto económico mundial en el sector de la salud. Sin embargo, no ha existido el interés gubernamental para establecer de manera conjunta las políticas públicas que apoyen la investigación y definan un mapa de ruta para impulsar nuestra bioeconomía. Por el bien del estado, esperemos que el próximo gobierno sí tenga la visión y la capacidad para lograrlo.