25 ago. 2014

Ciencia de la Sustentabilidad.

publicado en la Jornada Morelos el 25 de agosto de 2014.

La estrecha vinculación de los problemas socioambientales que caracterizan la grave situación de emergencia planetaria reduce la efectividad de su tratamiento por separado realizado por distintas disciplinas, por lo que se precisa una nueva área de conocimientos, una Ciencia de la Sustentabilidad, que integre campos aparentemente tan alejados como, por ejemplo, el de la economía, el del estudio de la biodiversidad y el de la eficiencia energética, pero que tienen en común el referirse a acciones humanas que afectan a la naturaleza. Se hace evidente, pues, la necesidad de abordar globalmente, sin reduccionismos, el sistema cada vez más complejo constituido por las sociedades humanas y los sistemas naturales con los que interaccionan y de los que, en definitiva, forma parte.

            Amparo Vilches, Óscar Macías y Daniel Gil Pérez escribieron el documento “La transición a la sostenibilidad: un desafío urgente para la ciencia, la educación y la acción ciudadana. Temas claves de reflexión y acción” (Documentos de trabajo de Iberciencia, No. 1, ISBN 978-84-7666-204-5). El objetivo del documento es hacer un llamado a los educadores de todas áreas y niveles, tanto de la educación formal (desde la Escuela Primaria a la Universidad) como no reglada (museos, medios de comunicación), para que se contribuya a formar ciudadanas y ciudadanos conscientes de los graves problemas socioambientales a los que se enfrenta hoy la humanidad y prepararlos para participar en la toma de decisiones fundamentadas que hagan posible la transición a la sustentabilidad.

Análisis científicos han caracterizando a la situación actual del mundo por su insostenibilidad; es decir, por acercarse peligrosamente e incluso superar los límites del planeta, señalan los autores:

Es insostenible el actual ritmo de utilización de todo tipo de recursos esenciales, desde los energéticos a los bancos de pesca, los bosques, las reservas de agua dulce y el mismo suelo cultivable. Un ritmo muy superior al de su regeneración, cuando son renovables, o al de su sustitución por otros que sí lo sean.

Es insostenible el ritmo de producción de residuos contaminantes, muy superior al de la capacidad del planeta para digerirlos: una contaminación multiforme y sin fronteras que envenena suelos, ríos, mares y aire y afecta ya a todos los ecosistemas, contribuyendo a la destrucción de los recursos.

Es insostenible, en particular, el acelerado incremento de gases de efecto invernadero, que está provocando un desarreglo climático, visible ya, entre otras muchas consecuencias, en la rápida disminución de las llamadas nieves perpetuas (la más importante reserva de agua dulce con la que cuentan miles de millones de seres humanos) y en el aumento de la frecuencia e intensidad de fenómenos atmosféricos extremos (huracanes, inundaciones, sequías e incendios); y el cambio climático contribuye así a un proceso de degradación generalizada que corre el riesgo de llegar a ser irreversible, haciendo inhabitable la Tierra para la especie humana.

Es insostenible el proceso de urbanización acelerada y desordenada que potencia los efectos de la contaminación (a causa del transporte, calefacción, acumulación de residuos, etc.) y el agotamiento de recursos con la destrucción de terrenos agrícolas, el aumento de los tiempos de desplazamiento y consiguiente mayor consumo de recursos energéticos.

Es insostenible el crecimiento explosivo de la población mundial, que puede estar ya cerca de sobrepasar la capacidad de carga del planeta: la especie humana acapara ya casi tanta producción fotosintética como la totalidad de las restantes especies, y su huella ecológica (es decir, el área de territorio ecológicamente productivo necesaria para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población dada) ha superado ampliamente la biocapacidad del planeta.

Es insostenible la acelerada pérdida de biodiversidad, que obliga a hablar de una sexta gran extinción ya en marcha, que amenaza con romper los equilibrios de la biosfera y arrastrar a la propia especie humana, causante de esta extinción.

Es insostenible e inaceptable el desequilibrio entre una quinta parte de la humanidad impulsada al hiperconsumo y miles de millones de personas que sufren hambre y condiciones de vida insoportables. Baste señalar que los 20 países más ricos del mundo han consumido en el último siglo más naturaleza, es decir, más materia prima y más recursos energéticos no renovables, que toda la humanidad a lo largo de su historia y prehistoria, mientras que para 1500 millones de seres humanos, que viven con menos de un dólar al día, aumentar su consumo es cuestión de vida o muerte y un derecho básico.

Es insostenible, en definitiva, un sistema socioeconómico que apuesta por el crecimiento económico indefinido en un planeta finito y que es responsable de estos y otros problemas igualmente graves, como la pérdida de diversidad cultural, garantía de la pluralidad de respuestas a los retos a que se enfrenta la humanidad (o los conflictos y violencias causados por la competitividad, por el afán de controlar los recursos energéticos y otras materias primas y, en definitiva, por la destructiva anteposición de intereses particulares a la cooperación en beneficio de todos.

            La estrecha vinculación de los problemas socioambientales que caracterizan la grave situación de emergencia planetaria reduce la efectividad de su tratamiento por separado realizado por distintas disciplinas, por lo que los autores consideran que se precisa una nueva área de conocimientos, una Ciencia de la Sustentabilidad, que integre campos aparentemente tan alejados como, por ejemplo, el de la economía, el del estudio de la biodiversidad y el de la eficiencia energética, pero que tienen en común el referirse a acciones humanas que afectan a la naturaleza.

            La Ciencia de la Sostenibilidad está experimentando un impresionante desarrollo en torno a un conjunto de preguntas clave, muchas de las cuales aparecen explícitamente formuladas en diversos documentos “fundacionales” de la nueva área. Los autores las sintetizan a continuación en un orden que, por supuesto, no responde a ninguna jerarquización: ¿Cuáles son los problemas a los que se enfrenta hoy la humanidad y cuáles son sus vinculaciones? ¿Por qué una Ciencia de la Sostenibilidad si de esta problemática ya se vienen ocupando distintas ciencias? ¿Qué se gana con ello? ¿En qué consiste la Ciencia de la Sustentabilidad? y ¿Cuáles son las interacciones naturaleza-sociedad que intentan clarificar la especificidad de la nueva ciencia?

La Ciencia de la Sustentabilidad es un campo definido por los problemas que aborda más que por las disciplinas que emplea, indican los autores y los trabajos de transición a la Sustentabilidad abordan cuestiones como las siguientes: Necesidad y posibilidad de la transición a la Sustentabilidad; Necesidad de una visión global de objetivos básicos para el Desarrollo Sustentable; Combatir los desequilibrios y discriminaciones; Regeneración ambiental; Transición a una economía sustentable; Transición energética; Consumo responsable; Transición demográfica; Transición educativa y cultural; Transición de la forma de investigación para incorporar la inter y transdisciplinariedad; Transición de la gobernanza y toma de decisiones; y Evaluación de la transición a la Sustentabilidad.
            En Morelos debemos reconocer que la esencia de la Ciencia de la Sustentabilidad reside en la exigencia de interdisciplinariedad, transdisciplinariedad y planteamientos glocales en una perspectiva amplia, que impregne el trabajo de los profesionales de cualquier área, la enseñanza de las diferentes disciplinas, la educación ciudadana y la acción política que ha de orientar el desarrollo social. Necesitamos un auténtico cambio de paradigma que afecte al conjunto de las actividades sociales. Solo así será posible avanzar en la transición a la sustentabilidad al ritmo que la gravedad de la situación lo requiere.

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