7 abr. 2014

Adolescentes y su bienestar.

publicado en La Jornada Morelos el 7 de abril de 2014.

En América Latina y el Caribe, uno de cada cinco habitantes es adolescente. Ellos deberán ser los protagonistas de las necesarias grandes transformaciones sociales, económicas, ambientales e institucionales que, inspiradas en la aspiración colectiva por mayor equidad, ocurran en las próximas décadas. Ciertamente la educación es un paso importante para garantizar la apertura a mejores oportunidades de desarrollo personal y social. Sin embargo, los avances actuales en materia de equidad de género, cobertura y expansión educativa deben acompañarse de mejoras sustanciales para que todos los niños y todas las niñas dispongan de una educación de calidad, adaptada a sus necesidades y a las exigencias que las nuevas realidades imponen.
María Nieves Rico y Daniela Trucco, Oficiales de Asuntos Sociales de la División de Desarrollo Social, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), escribieron un documento sobre “Adolescentes: Derecho a la educación y al bienestar futuro”, que fue publicado por la CEPAL en su Serie Políticas Sociales N° 190. (Documento elaborado en el marco del proyecto CEPAL-UNICEF UNI/12/001. ISSN 1564-4162. LC/L.3791. Copyright © Naciones Unidas, marzo de 2014). En este documento proponen que la educación forma parte de un proceso más amplio de desarrollo de capacidades individuales y colectivas, que no debe perder de vista el conjunto familia-escuela-trabajo-sociedad, en que se entrelazan distintos aspectos para encontrar explicaciones más cercanas a la realidad de los adolescentes. Sin embargo, su énfasis se centra en tres aspectos fundamentales para una educación inclusiva de calidad: el acceso de los y las adolescentes a la educación; el contexto de aprendizaje; y los resultados que aluden a la calidad.
            El objetivo de la igualdad de género entre los y las adolescentes en el sistema educativo se sustenta en dos poderosos argumentos, establecen las autoras: el primero, fundado en los derechos humanos, basado en los principios de justicia y no discriminación, así como en la certeza de que el derecho a la educación es un medio esencial para lograr el reconocimiento e implementación de otros derechos y, el segundo, está conformado por una sólida razón en materia de desarrollo al reconocer que la conclusión y calidad de la educación secundaria afecta la trayectoria futura de los y las estudiantes, sus familias y de la comunidad en su conjunto. En una sociedad cada vez más compleja y globalizada, los niveles de competencia requeridos para la inclusión social son más altos, lo que se asocia no sólo a las oportunidades de integración laboral, sino también a factores clave de desarrollo como la movilidad social, la reducción de la pobreza, la construcción de la ciudadanía y la identidad social y, en definitiva, el fortalecimiento de la cohesión social.
            De forma paralela, según las autoras, la educación se ha convertido progresivamente en un pilar fundamental para el desarrollo de los países. La producción y generación de conocimiento han adquirido un carácter central en la economía global de las últimas décadas. La difusión de valores, la dimensión ética y los comportamientos propios de la moderna ciudadanía, así como la creación de capacidades y destrezas indispensables para la competitividad internacional basada en el progreso técnico, reciben un aporte decisivo de la educación y de la producción del conocimiento en una sociedad. Personas más educadas aumentan sus capacidades para contribuir de mejor manera y de modo más diversificado y eficiente al desarrollo de un país. Por ello, la importancia no solo radica en la cantidad de años de formación en el ámbito escolar, sino sobre todo en la calidad de la formación recibida. El desarrollo de los países de la región requiere de nuevas generaciones con destrezas básicas que les permitan, a lo largo de su vida productiva, seguir trayectorias de aprendizaje continuo y adaptación permanente a un mundo en constante mutación. Sin destrezas básicas consolidadas, es mucho más difícil y costoso emprender este salto.
            La evidencia presentada en este documento, según las autoras, indica que frente al hecho de que las principales barreras de acceso al sistema educativo han sido superadas por las mujeres –aunque todavía hay una deuda pendiente con las adolescentes indígenas y rurales–, ahora hay que profundizar las políticas y programas que rompan aquellos mecanismos que perpetúan las formas de socialización tradicional, conducentes a una formación basada en estereotipos de género, que obstaculiza una educación más igualitaria de hombres y mujeres y que reproduce la discriminación y la desigualdad, afectando las oportunidades de bienestar futuro y superación de la pobreza de unas y otros.
            Como resultado de este estudio, las autoras presentan propuestas de políticas públicas para abordar las distintas aristas del problema y contribuir al objetivo de la igualdad de género en contextos de desarrollo de las capacidades y las potencialidades de los y las adolescentes: políticas de género que aborden los procesos de enseñanza; factores de postergación educativa como pobreza, ruralidad y origen étnico; políticas de inclusión y retención para madres adolescentes, y una enseñanza secundaria de calidad que dé oportunidad al talento.
            La educación secundaria, como ningún otro nivel educativo, está tensionada por intentar compatibilizar principios que se contraponen, intentando ser meritocrática y compensatoria, terminal y preparatoria, socializadora y selectiva, sensible a los intereses de los jóvenes y de la sociedad, apuntan las autoras. A esta multiplicidad de objetivos y sentidos, se le suma la gran heterogeneidad de alumnos y de la oferta educativa que contiene, además del choque de la cultura escolar con la cultura juvenil. Especial atención requiere el ámbito de formación vocacional, particularmente aquella que en la mayoría de los países atiende a la población de estudiantes de clases bajas.
            En Morelos, debemos hacer una redefinición sistemática de todas las instituciones y acciones educativas para impulsar los binomios docentes-estudiantes y educativo-laboral, contemplando los intereses de varones y mujeres en sus distintas realidades y los cambios dinámicos de nuestra realidad social, cultural y laboral. De fundamental importancia resulta una reforma curricular que logre proveer de sentido a la educación como proyecto de futuro para todos los adolescentes.

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