2 mar. 2015

El cuidado y la equidad de género.

--> publicado en La Jornada Morelos el 2 de marzo de 2015.
 
Los adultos, dentro de cualquier sociedad, se han visto en la necesidad de realizar tres actividades esenciales: el trabajo productivo, de carácter colectivo, mediante el cual se producen los bienes que constituyen la riqueza social; el trabajo doméstico, de carácter individual, mediante el que se satisfacen necesidades cotidianas, como la alimentación, la higiene, la salud y el mantenimiento de la vivienda; y  la crianza de los hijos, mediante la que se inculcan y transmiten los usos y costumbres propios de la comunidad, garantizando la reproducción de su cultura particular. Quienes realizan estas tres actividades y cómo se gestiona el concepto de cuidado es fundamental para alcanzar la equidad de género.
Karina Batthyány Dighiero, profesora de la Facultad de Ciencias Sociales, UDELAR, Uruguay, escribió “Las políticas y el cuidado en América Latina”, CEPAL - Serie Asuntos de Género, N° 124 (ISSN 1564-4170, LC/L.3958, Copyright © Naciones Unidas, febrero de 2015). Este documento presenta, analiza y discute el concepto de cuidado, el enfoque de derechos y las políticas públicas de América Latina y el Caribe en materia de organización social de los cuidados. También presenta las políticas de cuidado en la región y analiza en particular experiencias de organización social de los cuidados en cuatro países.
             La noción de cuidado en las políticas de protección social y bienestar social se ha vuelto clave para el análisis y la investigación con perspectiva de género. Propone la autora una definición no exhaustiva donde el cuidado designa la acción de ayudar a un niño, niña o a una persona dependiente en el desarrollo y el bienestar de su vida cotidiana. Engloba, por tanto, hacerse cargo del cuidado material, que implica un “trabajo”, del cuidado económico, que implica un “costo económico”, y del cuidado psicológico, que implica un “vínculo afectivo, emotivo, sentimental”. El cuidado puede ser realizado de manera honoraria por parientes, en el contexto familiar, o puede ser realizado de manera remunerada en el marco o no de la familia. La naturaleza de la actividad variará según se realice o no dentro de la familia y, también, de acuerdo a sí se trata o no de una tarea remunerada.
            El Estado se ha transformado en protector ante riesgos y contingencias que experimentan las personas a lo largo del curso de la vida. Así se introduce un nuevo enfoque de las políticas sociales de nueva generación, incluyendo los pilares clásicos del Estado del bienestar —salud, seguridad social y educación— el cuidado de los menores y de los mayores, no ya como excepción cuando no hay familia que pueda asumirlo, sino como nueva regularidad social, indica la autora. Esto implica una nueva concepción de la relación entre individuo, familia y Estado basada en la responsabilidad social del cuidado de las personas.
            Las mujeres tienen actualmente mayor autonomía económica, pero enfrentan grandes problemas para articular los tiempos de trabajo remunerado y los tiempos que requieren los cuidados, debido a la disparidad en la dedicación de madres y padres y a la insuficiencia de políticas que atiendan el cuidado infantil. El estudio del uso del tiempo (EUT) es una herramienta fundamental para conocer y entender las desigualdades de género y la reproducción de roles, a través de datos que muestran la inequitativa distribución en el tiempo destinado al trabajo remunerado y no remunerado, así como la disponibilidad de tiempo de mujeres y varones para otras actividades cotidianas, señala la autora. Aun cuando las EUT realizadas en los diferentes países no son comparables entre sí, pueden encontrarse tendencias muy relevantes, apunta la autora: la carga global de trabajo femenina es mayor a la masculina; las mujeres destinan en promedio más del doble de tiempo semanal que los hombres al cuidado de niños y otros miembros del hogar; la jornada de trabajo total de las mujeres dedicada a labores remuneradas y no remuneradas es mayor que la de los hombres; cuando las mujeres trabajan remuneradamente, aun cuando lo hacen a tiempo completo, la distribución de las tareas domésticas y de cuidado sigue siendo desigual; el tiempo de trabajo remunerado en promedio de las mujeres es inferior al de los hombres; y el trabajo del cuidado de niños, enfermos y adultos mayores aumenta la participación y el tiempo invertido por las mujeres en las actividades domésticas.
Las políticas de cuidado están en construcción y como toda política pública deben contemplar
múltiples intereses que se manifiestan en las distintas etapas del ciclo de elaboración de acuerdo a la realidad y el contexto nacional. En un escenario caracterizado por la multiplicidad de intereses, actores, recursos, objetivos y derechos, pueden de todas formas extraerse algunos elementos en términos de lecciones aprendidas y principales desafíos de los procesos analizados, destaca la autora: la actual organización social del cuidado presenta un gran desequilibrio entre los cuatro ámbitos de acceso al bienestar (las familias, el Estado, el mercado y la sociedad civil); urge la necesidad de políticas públicas para reconocer, reducir y redistribuir el trabajo de cuidados y promover un cambio en la actual división sexual del trabajo; un desafío particular lo constituye el momento mismo del diseño y formulación de las políticas y la inclusión de la perspectiva de género y derechos desde el inicio; y los sistemas de cuidado apuntan no sólo a la generación de una política pública hacia la dependencia sino a una transformación cultural.
En Morelos, debemos promover el cuidado como responsabilidad social, mediante la formulación de políticas públicas para ampliar la cobertura y la oferta de cuidado, garantizar servicios de calidad para todos estableciendo estándares mínimos, facilitar la gestión del tiempo, fomentar empleos de calidad, avanzar en regulaciones laborales, reconocer el aporte de las mujeres, y avanzar en la exigibilidad del derecho al cuidado.

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