publicado en la Jornada Morelos el 16 de marzo de 2015
La Organización Internacional del Trabajo planteó
que América Latina experimenta una “revolución silenciosa” en la intersección
entre trabajo y familia. Siete de cada 10 mujeres en edad reproductiva forman
parte de la fuerza laboral y crecientemente habitan en hogares liderados por
mujeres, muchos de estos monoparentales. Simultáneamente, los cuidados continúan
siendo una responsabilidad de las mujeres. Así, las tensiones en las relaciones
de género resultantes de esta combinación entre transformaciones y
continuidades laborales y familiares tienen como telón de fondo una profunda
desigualdad socioeconómica. ¿En qué medida los gobiernos han abordado estas
tensiones y con qué implicaciones para la desigualdad?
Merike Blofield, profesora asociada de la Universidad de Miami, y
Juliana Martínez F., profesora asociada de la Universidad de Costa Rica,
escribieron el artículo “Trabajo, familia y cambios en la política pública en
América Latina: equidad, maternalismo y corresponsabilidad” (Revista CEPAL 114, Diciembre 2014). En este artículo
caracterizan las políticas adoptadas para conciliar la vida familiar y laboral
entre 2003 y 2013, así como las implicaciones del diseño de estas medidas para
la equidad socioeconómica y de género, teniendo como telón de fondo el aumento
sustantivo de la participación laboral femenina en toda la región
latinoamericana.
El universo de políticas públicas que, por acción u omisión,
intervienen en la relación entre vida familiar y laboral es amplio e incluye
desde medidas de planificación urbana y de transporte público, hasta medidas
propiamente sociales relacionadas con las licencias y los cuidados, señalan las
autoras. Existen tres tipos de intervención que permiten conciliar vida
familiar y laboral en tanto reasignan tiempo, ingresos y servicios,
respectivamente, ya sea de manera positiva o negativa para la igualdad
socioeconómica y de género. Lo que estas medidas permiten concretamente es
alternar tiempos laborales y tiempos destinados a los cuidados dentro de la
familia, transferir los cuidados de las familias a servicios con alguna
participación del Estado, y regular la contratación privada de servicios de
cuidados por parte de las familias. Esta intervención del Estado es de índole
secuencial, “desfamiliarista” y regulatoria, respectivamente, y se expresa en
medidas no siempre concebidas desde un principio para abordar las tensiones
entre responsabilidades laborales y familiares, como es el caso de los
servicios para la niñez en edad preescolar. Además, cada uno de estos tres
tipos de medidas puede abordarse tanto desde la política laboral como desde la
política social.
Durante los últimos 10 años, en América Latina se han logrado revertir
ligeramente las desigualdades socioeconómicas, indican las autoras. Sin
embargo, a fines de la década de 2000, la brecha entre la participación laboral
de las mujeres pobres y no pobres era similar a la brecha existente a inicios
de la década. Dado que las desigualdades socioeconómicas y de género están
estrechamente vinculadas, abordar el nexo trabajo-familia desde la política pública
es una condición necesaria para reducir cualquier tipo de desigualdad.
Asimismo, no cualquier tipo de política promueve simultáneamente equidad
socioeconómica y de género. Para analizar si ha habido avances y de qué tipo,
se discuten los cambios en materia de licencias basadas en el empleo, de
servicios de cuidado y de protección laboral de las trabajadoras domésticas
como indicadoras de políticas secuenciales, desfamiliaristas y regulatorias,
respectivamente.
El análisis comparativo permite conocer el tipo de transformación
promovido, apuntan las autoras. En varios países de América Latina, las medidas
adoptadas han procurado extender las licencias maternales a los grupos más
vulnerables de trabajadoras, ampliar la expectativa de servicios de cuidado en
la primera infancia como un derecho propio de niños y niñas, y regular el
trabajo doméstico remunerado. Se trata pues de medidas extremadamente
relevantes para las mujeres de menores ingresos y, por lo tanto, positivas
desde el punto de vista de que la política pública promueva una mayor equidad
socioeconómica.
Comenzando por el trabajo doméstico, su mayor protección indica una
mayor corresponsabilidad estatal en la conciliación entre vida familiar y
laboral mediante su intervención en las condiciones de mercantilización de los
cuidados que tienen lugar de manera remunerada en los hogares, plantean las
autoras. A la vez, en el largo plazo, respecto de las familias que contratan
este trabajo, estas medidas podrían crear condiciones para que desde el Estado
se diseñen mejores medidas secuenciales y desfamiliaristas.
En materia de servicios de cuidado de la primera infancia, cuando
promueven la jornada completa, estos servicios han extendido la
corresponsabilidad estatal en la conciliación entre vida familiar y laboral,
según las autoras. Es destacable que, en los países estudiados, la obligación
de los empleadores de brindar servicios de cuidado se mantenga sin cambios.
Finalmente, las reformas de las licencias basadas en el empleo han sido
heterogéneas, consideran las autoras. En todos los países los gobiernos han
adoptado medidas favorables a una mayor equidad socioeconómica, en algunos se
han dado pasos hacia la corresponsabilidad paterna mediante la extensión de las
licencias paternales y la creación de las licencias parentales.
Las autoras concluyen que este análisis, enfocado en caracterizar
cambios y continuidades con una perspectiva comparada, deja planteadas tres
tipos de preguntas relacionadas: primero, con la efectividad en la implementación
de las medidas adoptadas; segundo, con la capacidad que estas medidas tengan a
mediano y largo plazos para alterar la desigualdad inicial en materia de
cuidados y de conciliación entre vida familiar y laboral; y tercero, con los
determinantes sociales y políticos que dan cuentan de las variaciones entre países
y políticas.
En Morelos, dadas las interacciones entre
desigualdades socioeconómicas y de género, debemos evitar subsumir una en la
otra y más bien examinar sus interacciones a través de distintas iniciativas de
políticas públicas. Identifiquemos si, en materia de equidad de género, las
medidas promueven un piso de maternidad, maternalismo o corresponsabilidad, y
en materia de desigualdad socioeconómica, la protección se extiende más allá
del trabajo asalariado y los mecanismos contributivos para alcanzar el
autoempleo y el trabajo temporal.
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