26 ene 2015

Política, bibliometría y ciencia.


publicado en La Jornada Morelos el 26 de enero de 2015.
La publicación de Kuhn “La estructura de las revoluciones científicas” se ha considerado como el punto de referencia para localizar el cruce de dos tradiciones en los estudios de la ciencia y la tecnología: la filosófica cuya pretensión fundamental es entender el valor de la ciencia como la forma más depurada de conocimiento fiable acerca del mundo, y la basada en el campo de la historia y la sociología de la ciencia, y que más recientemente se ha visto enriquecida con la aportación de la economía de la innovación, y de la politología. Lo sorprendente es que este libro es de historia y de filosofía de la ciencia al mismo tiempo. La ciencia es una parte importante del subsistema cultural de las sociedades más avanzadas y no está aislada; interacciona con el resto de la cultura, con la economía y con la política.
Miguel Ángel Quintanilla Fisac, miembro del Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología, Universidad de Salamanca, y codirector de la Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS), escribió el artículo “Algunos retos filosóficos de la política científica” de próxima publicación (Revista CTS, Vol. 10, No. 28, en construcción). Analiza problemas conceptuales en la política científica a los que los filósofos no suelen prestar mucha atención, como la relación entre el poder político y la ciencia, la justificación del apoyo social a la investigación básica o la caracterización del contenido de relevancia y originalidad de los resultados de la investigación científica.
La filosofía de la ciencia es una de las ramas de la filosofía académica que más se desarrollaron en el siglo XX, apunta el autor: desde el empirismo lógico a la explosión de enfoques "post-kuhnianos" en filosofía, historia y sociología de la ciencia y de la técnica, no hay otro campo de reflexión filosófica que iguale a la riqueza y calidad de las aportaciones que encontramos en éste. Así, desarrolla algunos ejemplos de problemas de interés filosófico que se plantean en la gestión de la ciencia actual, cuyo tratamiento es coherente con la visión de Mario Bunge de la ciencia.
En esta colaboración, presentaremos dos: las relaciones entre ciencia y poder político y el uso de indicadores bibliométricos para la gestión de la investigación.
Uno de los grandes problemas que se plantean en la gestión de la ciencia en las sociedades complejas actuales tiene que ver con la adopción de decisiones por parte del poder político respecto a los objetivos, prioridades y valores de las actividades científicas que se llevan a cabo en esa sociedad, establece el autor. En efecto, quien detenta el poder político, tarde o temprano, se va a enfrentar con problemas del tipo: cuánto debo gastar en promover la investigación científica, cuánto en investigación básica y aplicada, en qué áreas de la ciencia es más urgente, necesario o provechoso invertir más dinero. O también: qué nivel de educación científica debe proporcionarse a los ciudadanos, cómo debe potenciarse o no la cultura científica. Qué criterios y procedimientos deben seguirse para evaluar el rendimiento de las actividades científicas. Casi todas estas cuestiones sólo se pueden resolver aceptablemente si el responsable político dispone de la información suficiente acerca del funcionamiento interno y la situación efectiva de la investigación científica en la sociedad que tiene que gestionar.
¿Qué puede aportar la filosofía de la ciencia en tales circunstancias? Desde luego puede aportar criterios acerca del tipo de conocimientos que se pueden considerar científicos y cómo distinguirlos de las patrañas pseudocientíficas o las especulaciones ideológicas, se responde el autor. Podrá ayudar también a comprender las diferencias y relaciones entre investigación básica, aplicada y tecnológica, a comprender los procesos de evaluación interna de la ciencia y a analizar las interacciones entre investigación científica, innovación económica y social. Pero para que todo esto tenga sentido es preciso que el filósofo de la ciencia mantenga el compromiso con el realismo científico.
La sociedad avanzada actual, espera evolucionar a una del conocimiento, porque en ella la obtención, procesamiento y comunicación de conocimientos (actividades características del subsistema cultural de cualquier sociedad) se han convertido en actividades de un elevado valor económico tanto por sí mismas como por el papel que desempeñan en la realización de casi cualquier otra actividad de producción de bienes y servicios, identifica el autor. La producción, gestión y transmisión del conocimiento, en especial del conocimiento científico, ha pasado de ser una actividad complementaria y auxiliar de la actividad industrial a ser ella misma una industria central para el conjunto del sistema económico: la industria del conocimiento.
Una de las características más notables de la organización de la ciencia actual es la extensión y diversidad del sistema de publicaciones científicas. El número de revistas científicas que se publican regularmente se cuenta, al año, por miles y el número de artículos científicos por millones. Esto ha planteado retos de gestión de la información científica que no tienen precedentes en ningún momento anterior de la historia de la ciencia, indica el autor. Y la respuesta ha sido la industrialización de este aspecto de la actividad científica, por medio de técnicas bibliométricas. El proceso se compone de dos partes: una, se han desarrollado poderosas técnicas de procesamiento de información que facilitan la gestión del conocimiento y su uso por los investigadores y los administradores de instituciones científicas; por otra, los nuevos sistemas de datos así obtenidos se aplican al control de las propias actividades científicas (definición de campos de investigación, evaluación de méritos científicos, análisis de la productividad de los investigadores o las instituciones) para conseguir el máximo rendimiento. Se produce así una situación curiosa: la ciencia ha proporcionado conocimientos provechosos a la industria y la industria ha impuesto sus propios métodos de gestión para el control de la ciencia. Desde el punto de vista científico, la bibliometría se ha constituido en un campo de investigación especializado y un apoyo para la sociología de la ciencia. Desde el punto de vista de la gestión industrial de la ciencia, la bibliometría es también un instrumento sumamente útil.
El autor concluye que estos ejemplos permiten ver cómo podemos usar la epistemología para mejorar nuestros instrumentos de gestión y evaluación de las actividades científicas sin renunciar a la visión académica de la ciencia. Y también permite ejemplificar un tipo de problemas que se plantea en los nuevos sistemas de gestión de la ciencia y que está esperando a que los filósofos se pongan a trabajar en ellos.
En Morelos, debemos avanzar en la comprensión de la relación entre el poder político y la ciencia y en el uso de la bibliometría para acrecentar nuestro acerbo de conocimiento y, también, la correcta industrialización de la ciencia.

19 ene 2015

Cantidad grande de datos.


publicado en La Jornada Morelos el 19 de enero de 2015.
 
El concepto de “Cantidad grande de datos” (Big Data, en inglés) abarca aspectos científicos, de ingeniería y comerciales. Cada una de estas comunidades empezó a construirlo a partir de sus propias necesidades y experiencias. Hace un par de años, la Fundación Nacional de Ciencias, de Estados Unidos (NSF), definió a Big Data como la unión de un conjunto de datos numerosos, diversos, complejos y distribuidos que han sido generados por instrumentos, sensores, transacciones por internet, correo electrónico, videos y cualquier otra fuente digital disponible hoy y en el futuro. Desde el punto de vista académico y de negocios se ha definido a Big Data como una colección de datos complejos, diversos, heterogéneos y con alto valor potencial que es difícil de procesar y analizar en un tiempo razonable. Las características principales de Big Data se establecen con cuatro parámetros: volumen, velocidad, variedad y veracidad.
Yong Shi, miembro de la Academia de Ciencias de China, publicó el artículo “Big Data: historia, estado actual y retos hacia delante” (Big Data History, Current Status, and Challenges going Forward, The Bridge, Winter 2014, Volume 44, Number 4). Donde delinea el inicio de los esfuerzos para analizar cantidades grandes de información y hace una revisión de las áreas profesionales y académicas actuales que realizan actividades en Big Data, e incluye las medidas tomadas por diversos gobiernos.
Desde mediados del siglo pasado y en función del incremento en los usos comerciales y científicos de las computadoras, muchas instituciones han desarrollado bases de datos para almacenar y analizar la información que han recolectado, indica el autor. Las herramientas matemáticas utilizadas para manejar estos conjuntos de datos han mejorado, de realizar estadísticas básicas a incorporar métodos de inteligencia artificial. Hace veinte años, se empezó a utilizar el término “minería de datos”, que intersecta la intervención humana, el aprendizaje automático, el modelaje matemático y las bases de datos, y es el método más común para analizar datos. Así, la investigación teórica en este campo requiere del esfuerzo conjunto de matemáticos, sociólogos, economistas, ingenieros en computación y científicos en administración. El valor crítico de la minería de datos es obtener conocimiento útil.
El autor propone que existen tres problemas a resolver para lograr grandes beneficios por el uso de Big Data en la ciencia, la ingeniería y los negocios: la transformación de datos no estructurados y medio estructurados a unos estructurados; el modelado sistemático, la complejidad y la incertidumbre; y el entendimiento de la relación entre los datos, los conocimientos y las decisiones, y las propias heterogeneidades de cada uno de ellos.
En el campo académico de Big Data todavía falta dilucidar plenamente los principios, reglas básicas y propiedades de los datos no y medio estructurados; debido a la complejidad que presentan, asegura el autor. Esta complejidad se refiere no sólo a la variedad de objetos que pueden ser representados en los datos, sino que cada conjunto de datos puede presentar una imagen parcial de un objeto dado. Así, aunque un conjunto de datos puede representar con precisión un aspecto del objeto, también puede que no describa al objeto completo.
Esta representación parcial de un objeto dado, considera el autor, junto con la cantidad y variedad de los datos generan acervos de gran complejidad. También, existe incertidumbre en los datos por los cambios en su naturaleza y tipos de representación. Además, al aplicar un cierto método analítico para el análisis de los datos se introduce un sesgo particular en el conocimiento del objeto. Si cambiamos este sesgo, entonces el conocimiento previo ya no es de tanta utilidad.
Los tomadores de decisiones dependían tradicionalmente del conocimiento aprendido directamente de otros y de su propia experiencia. Así, plantea el autor, la toma de decisiones también se podía clasificar en estructurada, medio estructurada o no estructurada, y dependía de cómo se asignaban las responsabilidades en una organización. La necesidades que tenían los tomadores de decisiones de datos, información y conocimientos (cuantitativos o no) difería según el nivel de responsabilidad. Los operadores tomaban decisiones con datos estructurados, los gerentes con medio estructurados y los directivos con no estructurados.
Sin embargo, la existencia del Big Data cambió de manera disruptiva el proceso de toma de decisiones, ya que la adquisición actual de conocimiento está cada vez más basada en la minería de datos. Las funciones de los operadores, gerentes y ejecutivos pueden alinearse para tomar mejores decisiones al utilizar nuevos métodos analíticos para generar conocimientos en este ambiente.
La mejor aplicación del Big Data, propone el autor, vendrá de contribuciones teóricas y rompimientos tecnológicos en los tres problemas arriba descritos. Estos esfuerzos ampliarán sus aplicaciones de la tecnología de la información a los multimedia, finanzas, seguros, educación, salud y negocios, entre otros; impulsando la inversión, dirigiendo el consumo, mejorando la productividad e incrementando la competitividad.
En Morelos, debemos impulsar el desarrollo de Big Data y establecer políticas públicas para el uso gratuito y transparente de este conocimiento y sus aplicaciones. Así, lograremos los más amplios beneficios ambientales, sociales y económicos para nuestras comunidades.

12 ene 2015

Economía del cambio climático.


publicado en La Jornada Morelos el 12 de enero de 2015.
 
El cambio climático, causado sobre todo por las emisiones de gases de efecto invernadero de origen antropogénico, induce modificaciones ya discernibles a nivel mundial, tales como un aumento de la temperatura media global, alteraciones de los patrones de precipitación, un incremento del nivel del mar, la reducción de la criósfera y fenómenos climáticos extremos. Por ejemplo, hay evidencia de que la temperatura media global sufrió un aumento de 0.85 grados centígrados, durante el período 1880-2012. La evolución histórica y las proyecciones permiten predecir que el aumento de la temperatura proyectado a 2100 muy probablemente excederá 1.5 grados centígrados y, en caso extremo, llegará hasta los 4.8 grados centígrados. El cambio climático es un problema global pero asimétrico, por lo que a menudo se observa que regiones como América Latina y el Caribe, que tienen una participación histórica acotada en lo que respecta a las emisiones, resultan particularmente vulnerables a los efectos económicos adversos.
Joseluis Samaniego, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), supervisó la elaboración del documento “La economía del cambio climático en América Latina y el Caribe: Paradojas y desafíos del desarrollo sustentable”, publicado por la CEPAL (LC/G.2624 Copyright © Naciones Unidas, noviembre de 2014). Se plantea que el desafío del cambio climático es también el desafío del desarrollo sustentable y su solución requiere alcanzar un acuerdo global en que se reconozcan las asimetrías y paradojas del problema; en el marco de un crecimiento económico con mayor igualdad e inclusión social.
América Latina y el Caribe presentan una vulnerabilidad particular a los efectos del cambio climático a raíz de su ubicación geográfica, climas, condiciones socioeconómicas y demográficas e, incluso, la alta sensibilidad de sus activos naturales, como los bosques y la biodiversidad, asegura el documento. Las estimaciones preliminares realizadas a 2050, aunque presentan un alto nivel de incertidumbre y no incorporan todos los efectos potenciales o los procesos de retroalimentación o de adaptación, sugieren que los costos económicos del cambio climático se ubican entre el 1.5 y el 5 por ciento del producto interno bruto (PIB) regional.
El reto simultáneo de adaptarse a las nuevas condiciones climáticas e instrumentar los procesos de mitigación, al tiempo que se reconocen responsabilidades comunes pero diferenciadas y capacidades heterogéneas, es considerable y condicionará las características del desarrollo del siglo XXI, establece el documento. Más aún, sólo en el contexto de un desarrollo sustentable será posible hacer frente a este desafío. Así, el cambio climático plantea una paradoja temporal fundamental: constituye un fenómeno a largo plazo, pero requiere una solución inmediata basada en procesos de mitigación y adaptación.
Para afrontar el cambio climático, se necesitan modificaciones estructurales significativas en el estilo de desarrollo actual. El transporte es un caso elocuente de las transformaciones requeridas, propone el documento. La fuerte asociación entre la demanda de gasolina y la trayectoria del ingreso, el bajo impacto del precio en la demanda de gasolina, la alta concentración del gasto en gasolina y la tenencia de automóviles privados en los sectores económicos más altos y medios de la población, constituyen una alerta sobre la segmentación de las preferencias de transporte de la población. La falta de un trasporte público eficiente, seguro y de calidad conduce a la preeminencia del transporte privado en estos sectores, la cual se observa cada vez con mayor frecuencia incluso entre algunos grupos de bajos ingresos. Esta situación conlleva una continua migración hacia el transporte privado conforme aumentan los ingresos; por lo tanto, para satisfacer las demandas de movilidad de los nuevos grupos emergentes es necesario constituir una nueva matriz público-privada.
El alto dinamismo económico de América Latina y el Caribe, apoyado en el auge de las exportaciones y de los precios bajos de los recursos naturales renovables y no renovables, ha contribuido a reducir la pobreza y mejorar las condiciones sociales. Sin embargo, indica el documento, también ha dado origen a diversas externalidades negativas, como la contaminación ambiental y atmosférica y el cambio climático. En este sentido, estas externalidades entrañan costos económicos significativos y crecientes, e incluso erosionan las bases de sustentación del actual estilo de desarrollo. La insostenibilidad del desarrollo actual se puede ilustrar con los actuales patrones de consumo de la región, donde el crecimiento económico reciente se ha traducido en la conformación de nuevos grupos de ingresos bajos y medianos.
El estilo de desarrollo de la región Latinoamericana muestra una inercia que debilita sus propias bases de sustentación, donde el cambio climático representa una externalidad negativa global que intensifica estos problemas y paradojas, indica el documento. La estructura productiva, la infraestructura específica, el paradigma tecnológico dominante (caracterizado por una escasa innovación), la política que rige los incentivos económicos y los subsidios, y una matriz de consumo de bienes privados y públicos, inducen y consolidan una senda de baja sustentabilidad ambiental. Para modificar estas tendencias se requieren transformaciones profundas del paradigma de desarrollo. Adaptarse a las nuevas condiciones climáticas e instrumentar los procesos de mitigación necesarios para el cumplimiento de las metas climáticas exige alcanzar un acuerdo mundial que apunte a transitar hacia un desarrollo sustentable. Este tipo de desarrollo implica una mayor igualdad y cohesión sociales, y una matriz público-privada congruente, factores que reducen la vulnerabilidad a los efectos adversos y hacen más viables y menos onerosos los costos de la mitigación.
En Morelos, debemos realizar modificaciones estructurales significativas en el estilo del desarrollo con la finalidad de garantizar que las acciones para impulsar el desarrollo económico se desprendan de políticas públicas basada en la comprensión de que el desafío del cambio climático es el desafío del desarrollo sustentable.

5 ene 2015

Comprensión de la pobreza.


publicado en La Jornada Morelos el 5 de enero de 2015. 
El capital social conceptualiza el valor de las relaciones y las redes sociales para acceder a determinados recursos, para crear una diferencia respecto del capital económico (dinero, bienes materiales) y del capital humano (conocimiento). En la década de 1990, el capital social se comenzó a visualizar como un elemento clave en la solución de problemas relacionados con el desarrollo y el combate a la pobreza, especialmente por parte de organismos internacionales, tales como el Banco Mundial (BM) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Dada su naturaleza relacional, el capital social varía de un contexto a otro y su articulación con otros capitales es dinámica, lo cual dificulta el establecimiento claro de sus aportaciones teóricas y empíricas.
Luis Portales, profesor investigador en la Universidad de Monterrey, y Mariana Gabarrot, profesora investigadora del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey, escribieron el artículo “Alternativas para la comprensión de la pobreza: hogares y capital social en México” (Perfiles Latinoamericanos, vol. 23, núm. 45, 2015, pp. 59-78). El presente trabajo argumenta que una definición contextual del capital social contribuye a la construcción de una idea más sofisticada del combate a la pobreza, lo que refuerza el cuestionamiento a los enfoques tradicionales de otras investigaciones sobre el tema.
            Las aproximaciones al capital social coinciden en que éste se conforma de las relaciones sociales recíprocas, de las redes sociales, y de la capacidad que estos dos componentes tienen de generar algún tipo de beneficio para un actor específico, establecen los autores. Las relaciones sociales pueden ser clasificadas a partir de varios criterios: fuerza del lazo entre dos o más personas (fuerte o débil), motivaciones que producen esas relaciones, papel de los actores, función y tiempo de las relaciones sociales, entre otros. Las redes, por otra parte, tienen que ver con el número y estructura de las relaciones sociales. En una red cerrada, donde la mayoría de los actores se conocen entre sí, se refuerza la homogeneidad del grupo y su identidad, mientras que en una más abierta se permite la conexión entre actores de diferentes perfiles. Es importante recordar que el capital social es un medio de intercambio, por lo que da acceso a otros capitales como el económico o el humano, lo que le brinda el potencial de ser un elemento positivo en la mejora de las condiciones de vida de grupos que se encuentran en situación de vulnerabilidad.  
            A fin de comprender la forma en que el capital social se articula con el capital económico y humano, los autores adoptaron una metodología mixta. Se realizó observación participante por un periodo que abarcó de marzo de 2010 a junio de 2011. Asimismo, se llevaron a cabo entrevistas estructuradas a una muestra aleatoria. Se utilizó como base el cuestionario de Consejo Nacional de Evaluación de Política de Desarrollo Social (CONEVAL) para determinar los niveles de pobreza en los hogares, de acuerdo con la metodología de dicho organismo, y se incluyeron además aspectos vinculados con sus relaciones y redes sociales. En dichas entrevistas se abordaron aspectos relativos al capital económico, humano y social de los hogares. Para la conformación del capital económico se consideraron las dimensiones de ingresos y calidad de la vivienda, mientras que para el capital humano se consideró la educación y el acceso a la salud. En cuanto al capital social, se utilizaron los dos componentes que lo conforman: relaciones y redes sociales.
            De esta forma, construyeron tres tipos de capital social: fraternal, colaborador y corporativo, que corresponden a distintos grados de afectividad, función y estructura de la red. El capital social fraternal se integra de las relaciones que el hogar mantiene con familiares cercanos y amigos, las cuales tienden a construir redes cerradas en donde todos los integrantes se conocen y observan un alto grado de interacción; respecto a la principal fuente de ingresos del hogar, se encontró que el uso de este capital social prevalece en los hogares en pobreza extrema, lo que favorece la transmisión de oficios de generación en generación (recolectores de basura o albañiles), los cuales carecen de prestaciones sociales y perciben bajos ingresos. El capital social colaborador se conforma de las relaciones entre familiares políticos y conocidos, con los cuales no se tiene un lazo afectivo muy fuerte, lo que permite la creación de una red social más abierta en la cual los integrantes pueden o no conocerse entre sí; respecto al acceso a fuentes de ingresos económicos, los hogares en pobreza multidimensional y con algún tipo de vulnerabilidad suelen usar este capital para conseguir mejores empleos. El capital social corporativo, compuesto por las relaciones que el hogar sostiene con actores institucionales y organizacionales, que se encuentran inmersas en una red abierta, en donde los miembros difícilmente se conocen a fondo. Este tipo de capital no muestra un fuerte vínculo con el tipo de ingresos, aunque de forma coyuntural puede ofrecer alguna ayuda.
            Los autores consideran que el análisis micro sociológico de los capitales muestra que todos los hogares, sin importar el tipo de pobreza que presenten, cuentan con capitales que son articulados entre sí en aras de mejorar su situación actual, si bien su principal elemento de diferenciación es el modo de articularlos. Esto permite suponer que lo importante en el estudio de la pobreza (desde una óptica multidimensional) no es solamente la cuantificación de los capitales con los que cuenta un determinado hogar, sino más bien la dinámica y articulación que existe entre ellos. Esto confirma la importancia de considerar el contexto cuando se estudia la pobreza, y la forma en que los hogares se organizan para mejorar sus condiciones de vida, por lo que no basta caracterizarlos a partir de la cuantificación de sus recursos o carencias. Y también demuestra que analizar el capital social de manera aislada no dice mucho acerca de los patrones de exclusión en términos económicos, humanos y sociales.
En Morelos, debemos entender cómo los programas de combate a la pobreza se integran a un tejido social previo, el cual muchas veces tiene implicaciones profundas para su implementación. Esto causa variaciones evidentes en términos del desempeño local de tales programas. Entender y dar cuenta de estas variaciones en el diseño de la política social es entonces el primer paso para plantear alternativas coherentes con los distintos contextos locales.

29 dic 2014

Preguntas sobre gobernanza.


publicado en La Jornada Morelos el 29 de diciembre de 2014.
En términos generales, se entiende a la gobernanza como el ejercicio del poder político para manejar los asuntos de una comunidad. La calidad de la gobernanza, tratada algunas veces como el equivalente al funcionamiento del gobierno, se refiere a la calidad en el ejercicio de este poder y a la calidad en su gestión; que puede incluir, pero no está limitada a, los resultados en términos de los bienes y servicios que reciben los ciudadanos.
Rachel Gisselquist, politóloga en el Instituto Mundial de Investigaciones sobre Desarrollo Económico, de la Universidad de Naciones Unidas, escribió sobre el “Desarrollo y evaluación de índices de gobernanza: diez preguntas”. (Rachel M. Gisselquist (2014) Developing and evaluating governance indexes: 10 questions, Policy Studies, 35:5, 513-531, DOI: 10.1080/01442872.2014.946484). En el artículo propone un marco de referencia basado en 10 preguntas para guiar el desarrollo y la evaluación de dichos índices.
La medición es uno de los temas más tratados en la literatura sobre gobernanza, indica la autora. Algunos trabajos destacan la identificación de más de 100 indicadores a nivel de país y las bases de datos sirven para medir la gobernanza global o alguno de sus componentes específicos. La autora  considera que la metodología básica de las ciencias sociales provee el esquema central para evaluar los índices de gobernanza, en un total de 10 preguntas: formación del concepto, validación del contenido, confiabilidad, reproducibilidad, solidez, relevancia en investigación, complejidad descriptiva, concordancia teórica, precisión en estimaciones, y valores relativos apropiados.
Pregunta 1. ¿Qué precisamente se pretende medir? La especificación del concepto es necesaria ya que normalmente éste será un tema de controversia y un entendimiento generalizado no puede ser asumido. En particular, se debe aclarar la diferencia conceptual entre gobernanza y democracia o desarrollo.
Pregunta 2. Validación del contenido. ¿Captura la definición operacional el concepto? Una vez que un concepto se ha especificado apropiadamente, el siguiente paso lógico es establecer su operabilidad; es decir, debe identificar las componentes que se deben incluir en la medición y especificar cómo éstas se unen de manera consistente con el concepto central. El concepto de gobernanza es multidimensional, por lo que involucra varias categorías, subcategorías e indicadores. Los últimos deben tener índices que son datos numéricos.
Pregunta 3. ¿Qué tan confiables, válidos y completos son los datos? Los índices técnicamente complejos pueden obscurecer un principio básico: la calidad de una medición para capturar una realidad empírica está limitada por la calidad de los datos usados para construirla (es decir, si los datos son malos, también lo será el resultado). La validación se refiere a si la medición refleja con precisión lo que se pretende capturar. Confiabilidad se refiere a la consistencia en la medición.
Pregunta 4. ¿Es la medición, incluyendo todas sus subcomponentes, transparente y reproducible? En general, sólo se dan resultados finales, cifras o jerarquías, sin explicitar los datos y métodos utilizados. Así, esta falta de transparencia significa abandonar el principio básico de las ciencias sociales, la reproducibilidad. Se debe ser totalmente transparente, a pesar del riesgo de que nos encuentren más fácilmente los errores.
Pregunta 5. ¿Qué tan sensibles y robustas son las mediciones a diferentes datos y criterios de diseño? Las mediciones de la gobernanza no son, ciertamente, una ciencia exacta. Así, los índices bien diseñados deben describir y justificar las elecciones tomadas en el camino y examinar el impacto de éstas en lo robusto de los resultados, mostrando que no se llegó a unos resultados predeterminados por su interés político o social.
Pregunta 6. ¿Permiten estas mediciones responder a asuntos claves de interés? Los usuarios de indicadores deben considerar si éstos capturan empíricamente lo que está bajo investigación, incluyendo coberturas regionales y temporales, y el nivel del análisis. También, la habilidad predictiva del indicador es importante.
Pregunta 7. ¿Captura plenamente la medición toda la complejidad de la gobernanza? Los índices pueden ser demasiado sencillos y no agregan mucho a la mejora de la gobernanza, entonces deberían de incluir más componentes pero ¿hasta qué nivel? Recordemos que la medición es para comparar dos o más situaciones, ¿están lo suficientemente diferenciadas?
Pregunta 8. ¿Se comporta la medición como la teoría predice? La teoría es importante en las mediciones gubernamentales rigurosas en el sentido de que las mediciones deben ser desarrolladas con referencia y dentro de un marco metodológico específico, y que puedan ser usadas para probar propuestas teóricas.
Pregunta 9. ¿Qué tan precisos son los valores de los índices y si se especifican intervalos de confianza? La mayoría de los índices de gobernanza producen cifras globales que son imprecisas e inciertas. Así, la mayoría de las diferencias en valores y jerarquías no son significativas. Por lo tanto, se deben reportar intervalos de confianza y márgenes de error, en adición a las estimaciones puntuales.
Pregunta 10. ¿Es correcta la valorización relativa entre índices? Especialmente en el área de políticas públicas se debe poner especial énfasis en la valoración relativa entre indicadores (o el “peso” correcto entre ellos) cuando se normalizan o se agregan datos. Debemos recordar que no considerar esta valorización relativa es, en sí misma, asignarles arbitrariamente el mismo “peso”.
            En Morelos, debemos redoblar esfuerzos en el desarrollo y evaluación de los índices de gobernanza para que, al ser realizado este ejercicio por observadores imparciales, se alcance una mayor legitimidad en la actuación del gobierno, tanto en lo social como en lo económico, financiero y político.

22 dic 2014

Industrias verdes competitivas.


publicado en La Jornada Morelos el 22 de diciembre de 2014.
El cambio climático tendrá su mayor impacto sobre los países en desarrollo, en los que las poblaciones pobres se verán afectadas con especial dureza; lo que sucede siempre, ya que los más débiles no pueden mitigar o adaptarse a las condiciones de crisis. Sin embargo, existen iniciativas en marcha para asistir a los países en desarrollo, mediante la movilización de tecnologías relacionadas con el clima y tecnologías limpias adecuadas. Desafortunadamente, la intención principal de muchas de estas iniciativas es transferir tecnologías desde el mundo en desarrollo, sin tener en cuenta la participación de las industrias locales.
El Banco Mundial e infoDEV publicaron el reporte “Desarrollo de industrias verdes competitivas: Las oportunidades del clima y las tecnologías limpias para los países en desarrollo”. (infoDev. 2014. Building Competitive Green Industries: The Climate and Clean Technology Opportunity for Developing Countries. Washington, DC: World Bank. License: Creative Commons Attribution CC BY 3.0. © 2014 International Bank for Reconstruction and Development / The World Bank). Éste contiene información para diseñadores de políticas y otras partes interesadas que estén intentando desarrollar industrias verdes competitivas en países en desarrollo y, también, presenta una serie de opciones de políticas que pueden ser consideradas por los países dispuestos a fortalecer las industrias verdes locales.
En 2012, las inversiones en tecnologías limpias aumentaron un 19 por ciento en los países en desarrollo (hasta 112,000 millones de dólares al año), en comparación con una disminución general del 12 por ciento a nivel mundial (a 244,000 millones de dólares al año), lo que indica que las inversiones en tecnologías limpias están en vías de trasladarse a las economías en desarrollo a corto plazo, apunta el reporte. Este cambio acelerado del mundo desarrollado al mundo en desarrollo está fomentando la innovación, dado que las tecnologías, los procesos y los mecanismos de financiamiento se están adaptando a las condiciones locales y están surgiendo productos innovadores para atender las necesidades de los clientes locales. También está generando oportunidades para empresarios que estén en condiciones de aprovechar el crecimiento del sector.
Es más, con este cambio vertiginoso, la capacidad de las tecnologías limpias de fomentar el crecimiento del empleo y estimular la innovación hace que sean especialmente pertinentes para los países en desarrollo, señala el reporte. Las tecnologías limpias constituyen un sector de empleo en crecimiento a nivel mundial y, en comparación con otros sectores, los empleos verdes tienen características favorables: suelen ser más calificados y seguros y estar mejor pagados. La innovación es esencial para el desarrollo de productos de tecnologías limpias y las tecnologías relacionadas con el clima constituyen una proporción significativa de las solicitudes mundiales de patentes.
En este informe se describen las características y la dimensión probable de las oportunidades que generarán las tecnologías limpias en 145 países en desarrollo a lo largo de la próxima década. En este período, las inversiones previstas en 15 sectores de las tecnologías limpias en estos países en desarrollo superarán los 6,400 millones de dólares, en términos generales. De esta cifra total, las pequeñas y medianas empresas (pymes) podrán acceder a alrededor de 1,600 millones. Incluso cuando se excluye a China, India, Rusia y los países europeos de ingreso mediano, estas oportunidades siguen siendo significativas: 4,100 millones en términos generales, de los cuales las pymes podrán acceder a  1,000 millones.
Las mayores oportunidades para las pymes están en el sector del tratamiento de aguas residuales, que constituye aproximadamente una tercera parte del mercado total, seguido de los sectores de los pequeños proyectos hidroeléctricos, el tratamiento de aguas, la energía eólica terrestre, la energía fotovoltaica, la energía geotérmica y la bioenergía, plantea el reporte.
Para poder aprovechar al máximo la oportunidad que ofrecen las tecnologías limpias, los gobiernos, las agencias de desarrollo y otros agentes públicos y privados deben considerar las siguientes cinco áreas de actuación para apoyar a las pymes de tecnologías limpias en los países en desarrollo, propone el reporte: 1. Iniciativa y aceleración empresarial. Se trata de una gama de programas para empresas, así como colaboraciones y redes internacionales, los países pueden emprender programas que ofrezcan asistencia técnica directa y la conexión de inversores extranjeros con pymes locales de tecnologías limpias para el desarrollo tecnológico o de las capacidades de producción; 2. Financiamiento de la innovación. Hay varios instrumentos disponibles para apoyar el financiamiento inicial y el capital de riesgo para las pymes de tecnologías limpias, que incluyen créditos blandos y garantías de préstamos, y la estimulación de inversiones de capital inicial y de riesgo. Por el lado de la demanda, existe una oportunidad significativa de establecer mecanismos de crédito a consumidores para tecnologías específicas, como los sistemas de energías renovables; 3. Desarrollo del Mercado. Una serie de instrumentos tienen como objetivo aumentar la demanda de productos y servicios de las pymes locales, y facilitar el crecimiento general del mercado de las tecnologías limpias. En el caso de las energías renovables, estos instrumentos incluyen normas sobre la cartera, certificados de energías renovables y tarifas de alimentación a la red; 4. Desarrollo tecnológico. Cuenta con instrumentos diseñados para estimular el desarrollo de tecnologías, como los créditos fiscales a la investigación y desarrollo (I+D), las becas de investigación, las colaboraciones de investigación competitivas con financiamiento público, los concursos, la inversión pública en I+D, los acuerdos públicos o privados sobre cooperación tecnológica, los proyectos de demostración y las redes de investigación aplicada; y 5. Marco jurídico y reglamentario. Logra el apoyo mediante la implementación de una serie de medidas jurídicas y reglamentarias, como incentivos fiscales específicos para el sector, regímenes de limitación y comercio de emisiones, créditos por reducción de emisiones, impuestos sobre la contaminación o el uso de recursos naturales, reducciones de los impuestos a las importaciones o exenciones e incentivos para atraer a mano de obra calificada.
En Morelos, debemos diseñar medidas que generen incentivos y obligaciones empresariales para abordar tanto el lado de la oferta como de la demanda de los mercados de tecnologías limpias, al adoptar instrumentos acordes a la situación del estado y enfocados a los sectores con mayor capacidad de recursos humanos y naturales.

15 dic 2014

Autonomía económica de las mujeres

publicado en la Jornada Morelos el 15 de diciembre de 2014 

Aunque son varios los logros en materia de igualdad de género, aún existen grandes desafíos. Las mujeres siguen siendo mayoría entre las personas en situación de pobreza, el empleo disponible privilegia injustamente a los hombres, se desaprovecha el logro educativo de las mujeres y no se consigue eliminar la carga doméstica heredada de tiempos en que las mujeres solamente se ocupaban del cuidado de los miembros de la familia. Los cambios demográficos y en la educación, así como el propio proceso de emancipación de las mujeres, muestran la necesidad de promover una mayor eficiencia y equidad en los mercados para aprovechar sus capacidades y hacen más evidente la injusticia estructural que subyace en la actual estructura económica y social.

Lucía Scuro y Néstor Bercovich, editaron el recientemente publicado documento de la CEPAL “El nuevo paradigma productivo y tecnológico. La necesidad de políticas para la autonomía económica de las mujeres” (Néstor Bercovich y Lucía Scuro, “El nuevo paradigma productivo y tecnológico: la necesidad de políticas para la autonomía económica de las mujeres”, Libros de la CEPAL, N° 131 (LC/G.2621-P), Santiago de Chile, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), 2014). En él se plantea que la desigualdad se genera principalmente en el mundo del trabajo (tanto remunerado como no remunerado) y que es imprescindible aprovechar, a través de las políticas públicas, las oportunidades que ofrece el nuevo paradigma tecnológico.

Pese a la importante presencia de las mujeres en el mercado laboral, aún persiste la segregación laboral, que se define como la clara distinción entre los sectores de actividad en el mercado y los puestos de trabajo ocupados por hombres y mujeres, establece el documento. La segregación laboral de las mujeres se manifiesta en dos dimensiones: la segregación horizontal y la segregación vertical. La segregación horizontal supone que las mujeres se concentran en ciertos sectores de actividad y en determinadas ocupaciones, mientras que la segregación vertical implica el desigual reparto de hombres y mujeres en la escala jerárquica y, por lo tanto, muestra cómo las mujeres tienen dificultades para progresar en su profesión y poder acceder a puestos más cualificados y mejor remunerados.

La segregación horizontal forma parte de un problema de naturaleza sistémica que se reproduce en tres ámbitos: a) la familia, a través de la socialización, al considerar que el éxito de las niñas sigue proyectándose como una combinación de profesión y maternidad; b) la escuela, donde la reproducción de estereotipos explica, en buena parte, la concentración de las jóvenes en estudios compatibles con la vida familiar, y c) la demanda laboral, que requiere en la vida pública capacidades semejantes a las valoradas en la vida familiar. Entonces, no es casual que las mujeres predominen entre los trabajadores de los servicios de educación y salud, los servicios a las personas y el comercio. La segregación vertical, que hace que en la mayoría de los trabajos, las mujeres se concentren en los puestos jerárquicos más bajos y de menor autoridad de la pirámide o ejerzan oficios que requieren menor calificación. Este fenómeno es conocido como “techo de cristal”, en alusión a las barreras de poder invisibles que impiden a las mujeres ascender en los puestos de trabajo.

En el documento se destacan al menos tres conclusiones sobre las políticas públicas orientadas a la autonomía de las mujeres y la igualdad de género en el nuevo paradigma de la sociedad de la información y del conocimiento. En primer lugar, en la economía digital, al igual que en el resto de los paradigmas tecno-económicos, las oportunidades no se distribuyen de manera equitativa ni entre los países ni entre las personas, lo que origina asimetrías que se deben corregir mediante políticas específicas para superar las desigualdades. En segundo término, la profundidad de la brecha digital que afecta a las mujeres puede aumentar aun cuando la población excluida de la sociedad de la información esté disminuyendo. Porque, más allá del acceso cada vez mayor a las tecnologías, las brechas crecen en relación con la capacidad de uso y apropiación de dichas tecnologías. Esto explica en buena medida la lentitud con que se cierran las brechas de género, especialmente en lo que se refiere al empleo de calidad vinculado con las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Por último, las políticas en favor del cambio estructural que deben implementar los países de la región tienen que superar la neutralidad característica de las políticas públicas, incorporando acciones específicas dirigidas hacia la igualdad entre hombres y mujeres.

Las políticas de desarrollo, en general, y las políticas de desarrollo productivo, en particular, no pueden ser neutrales, propone el documento. Así como deben tomar en cuenta las desigualdades existentes entre países y entre economías, deben también considerar y apuntar a superar las desigualdades de género que se observan en la integración a diversos ámbitos de la vida social, como el mercado laboral, la familia, la participación política y la toma de decisiones, entre otros.

Es imprescindible aprovechar, a través de las políticas públicas, las oportunidades que ofrece el nuevo paradigma tecnológico, asegura el documento. Estas políticas deben romper los círculos de desigualdad que se originan, principalmente, en el mundo del trabajo (tanto remunerado como no remunerado). Para ello, es necesario impulsar políticas que prevengan la segregación y la segmentación laboral, eviten las brechas de ingresos que afectan a las mujeres y promuevan una justa división sexual del trabajo. La organización global de la reproducción social debe abordarse con políticas activas en el mercado laboral en todas sus expresiones, de manera de facilitar la participación y la autonomía económica de las mujeres, así como una mayor participación femenina en los puestos jerárquicos y en los niveles de decisión empresariales.

La capacitación y la formación profesional constituyen, sin duda, un camino promisorio para asegurar empleo femenino de calidad en esos nuevos escenarios, ya que es necesario generar capacidades y habilidades digitales que aseguren la integración de las mujeres en puestos de mayor nivel tecnológico, apunta el documento. No obstante, parece poco probable que esto ocurra si se deja sólo a las fuerzas del mercado, ya que el sistema de género hegemónico tenderá a mantener la segregación que le es funcional.

En Morelos, debemos incentivar la formación y la participación de las mujeres en áreas tecnológicas y establecer políticas públicas para transformar las culturas y prácticas empresariales, utilizando las TIC para impulsar la autonomía económica de las mujeres y la igualdad de género; con el objetivo de avanzar hacia una sociedad del conocimiento realmente inclusiva.

8 dic 2014

Bienestar en Morelos

publicado en La Jornada Morelos el 8 de diciembre de 2014.
Luis Huesca Reynoso, Mario Camberos Castro y Cuauhtémoc Calderón Villarreal (Plaza y Valdés, 2011) plantearon que el análisis del bienestar individual o social se refiere al estudio de las condiciones que determinan la calidad de vida tanto de los individuos como de los grupos sociales, con un enfoque sistémico que identifique los procesos tendientes a mejorar la calidad de vida de una población en un espacio territorial determinado, estudiando los aspectos económicos y sociales ligados al desarrollo de las capacidades de los individuos y a la expansión creciente de sus libertades.

También, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL, 2000) estableció que el desarrollo económico local es un proceso de crecimiento y cambio estructural de la economía de una ciudad, comarca o región, en el que se pueden identificar al menos, tres dimensiones: una económica, caracterizada por un sistema de producción que permite a los empresarios locales usar, eficientemente, los factores productivos, generar economías de escala y aumentar la productividad a niveles que permiten mejorar la competitividad en los mercados; otra sociocultural, en que el sistema de relaciones económicas y sociales, las instituciones locales y los valores sirven de base al proceso de desarrollo; y otra, política y administrativa, en que las iniciativas locales crean un entorno local favorable a la producción e impulsan el desarrollo sustentable.

Recientemente, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico publicó un documento que ofrece un marco común para medir el bienestar de la gente a nivel regional y que tiene una sección especial sobre nuestro Estado de Morelos: “¿Cómo va la vida en su región? Medir el bienestar regional y local para la formulación de políticas” (OECD (2014), How's Life in Your Region? Measuring Regional and Local Well-being for Policy Making. © OCDE, ISBN: 9789264217416 (PDF), DOI: 10.1787/9789264217416-en).

Todo el mundo desea disfrutar de una buena vida en el lugar donde vive, por lo que la medición de su experiencia diaria puede parecerles más significativa que la del promedio nacional, identifica el documento. Un panorama completo de la economía y de la sociedad debe comprender lo que la gente valora respecto a sus condiciones de vida inmediatas, cómo se comportan cuando no se cumplen sus expectativas y cómo contribuyen los servicios locales para que tengan mejores oportunidades laborales y vidas más sanas. Los indicadores regionales referentes al bienestar ayudan a captar si la recuperación y la prosperidad se traducen en una vida mejor para todos.

El documento presenta un marco de análisis para mejorar la coherencia y la eficacia de las políticas públicas al examinar nueve aspectos que configuran las condiciones materiales de la gente (ingreso, empleo y vivienda) y su calidad de vida (salud, educación, entorno, seguridad, acceso a los servicios y participación cívica). Estos nueve aspectos derivan tanto de las características de la gente como de las de cada territorio específico. Se les evalúa mejor mediante indicadores de resultados verdaderos más que a través de los insumos o la producción.

La medición de estos nueve aspectos mediante un conjunto de indicadores comparables en 362 regiones de los 34 países de la OCDE muestra que los resultados del bienestar se materializan de manera muy distinta en cada lugar, identifica el documento. Las diferencias en el bienestar a menudo son más grandes entre las regiones de un mismo país que entre las de diferentes países. Esas disparidades regionales pueden aumentar los costos sociales, hacer que peligre la cohesión social y socavar el desempeño nacional. Los países con la mayor disparidad regional en los rubros de empleo, educación y acceso a los servicios también registran resultados en bienestar más bajos a nivel nacional.

Las regiones y las ciudades que quieran incorporar una estrategia de bienestar para mejorar las condiciones de vida actuales y las oportunidades futuras de su ciudadanía deben considerar las siguientes medidas, según el documento: Traducir los objetivos del bienestar en indicadores pertinentes para cada política pública, donde la medición del bienestar regional debe vincularse claramente con los objetivos de política pública regionales que, a su vez, concuerdan con los niveles de gobierno; Elegir indicadores, debe establecerse un proceso de consulta deliberante para centrarse en un conjunto limitado de indicadores clave que reflejen las prioridades y los activos locales, como se hace hincapié en el Marco de Bienestar Regional de la OCDE; Identificar la situación inicial y los resultados previstos, al establecer un punto de partida claro y el conjunto de objetivos que han de alcanzarse ayuda a planear el rumbo de la actuación pública en torno a un cronograma transparente y a metas parciales intermedias; Verificar el progreso y evaluar el potencial de diferentes lugares, donde los indicadores regionales de bienestar son una herramienta que permite seguir la trayectoria del cambio a lo largo del tiempo e identificar los activos específicos para el desarrollo en comunidades distintas; y Promover la participación de la ciudadanía y comunicar los resultados, al involucrar a los ciudadanos desde las primeras fases de la iniciativa de medición se impulsa la acción, se facilitan los ajustes de política pública cuando sea necesario y se aumenta la rendición de cuentas y la confianza.

Con relación al Estado de Morelos, el documento presenta comparaciones tanto nacionales como internacionales. En referencia al promedio nacional, Morelos está mejor en las dimensiones de educación, salud, vivienda y compromiso cívico, y está peor en seguridad que es un asunto de enorme importancia para el bienestar de la población. A nivel internacional y alineado al patrón nacional, tiene bajos niveles de seguridad e ingreso, y grandes desigualdades. Asimismo, plantea que el gobierno se ha comprometido a mejorar el bienestar de la población al promover mayores oportunidades a todos los ciudadanos, que tiene un plan con una estrategia de desarrollo regional integral con metas establecidas y que existe un diálogo entre las diversas áreas encargadas de las políticas públicas.

Sin embargo, el documento describe un par de retos importantes para el uso de una buena métrica para mejorar el bienestar en Morelos: el Plan de Desarrollo Estatal tiene demasiados indicadores, que no están jerarquizados entre ellos, y que resta efectividad a la medición del proceso; y además que no está claramente definido el proceso de monitoreo necesario.

En Morelos, debemos así delinear un plataforma de indicadores con mecanismos de seguimiento sustentados en qué les importa más a los ciudadanos y adicionalmente fortalecer las capacidades institucionales de los gobiernos municipales para alinear objetivos y procedimientos.

1 dic 2014

Servicios ambientales y biodiversidad

publicado en La Jornada Morelos el 1 de diciembre de 2014.
En la actualidad, nuestro planeta se enfrenta a la mayor crisis ambiental debida a las actividades humanas. Se están provocando pérdidas y amenazas a su biodiversidad, las cuales han alterado el ambiente a escala global, propiciando el cambio de uso de suelo, la alteración de la movilidad de la biota y la modificación de los ciclos biogeoquímicos. El origen de los cambios ambientales como una consecuencia directa de la interacción entre los seres humanos y el medio ambiente se remonta al inicio del desarrollo de la agricultura, hace más de 8,000 años.

Cristian Cornejo-Latorre, Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, 
Jaime M. Calderón-Patrón, Centro de Investigaciones Biológicas, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, 
y Liliana Suarez-Ramírez,  Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, Universidad Nacional Autónoma de México, escribieron el artículo “Los servicios ambientales y la biodiversidad”, en la revista Investigación Ambiental 6 (1) 2014. El propósito de este trabajo es presentar un panorama general sobre el concepto de los servicios ambientales y explicar su relación con la biodiversidad.

El concepto de servicios ambientales permite vincular explícitamente el estado y funcionamiento de los ecosistemas y la calidad de vida de las poblaciones humanas, establecen los autores. Esta relación puede ser directa o indirecta y los seres humanos pueden o no estar conscientes de su existencia. La dependencia del hombre hacia los ecosistemas se puede apreciar notablemente en las economías de subsistencia íntimamente ligadas al entorno, donde las poblaciones obtienen de los ecosistemas todo lo que necesitan para subsistir. Por su parte, en países con un desarrollo económico consolidado y en constante crecimiento, esta dependencia no se aprecia directamente ya que los servicios de los ecosistemas no llegan de manera directa a las personas, al ser adquiridos a través de los mercados después de haber sido transportados desde su lugar de origen atravesando diversos escalones de la cadena productiva.

Actualmente se pueden distinguir cuatro tipos de enfoques dedicados al estudio de los servicios ambientales, de acuerdo con los autores: 1) la búsqueda de herramientas conceptuales y metodológicas interdisciplinarias para el estudio de los servicios ambientales, 2) el análisis de los tipos de servicios ambientales que proveen los ecosistemas o los componentes particulares de cada servicio, 3) la valoración económica de los servicios ambientales, y 4) el análisis de experiencias concretas que permitan maximizar el mantenimiento de los servicios ambientales. También, se reconocen cinco grandes tipos de funciones de los ecosistemas (regulación, hábitat, producción, información y sustrato), de los cuales cada uno presenta diversos componentes, de donde se desprenden bienes y servicios para las poblaciones humanas.

La pérdida de biodiversidad a escala global está afectando el funcionamiento de los ecosistemas terrestres. Apuntan los autores que de seguir con las tendencias actuales, es posible que se pueda rebasar el umbral de la degradación ambiental, ocasionando un colapso en los procesos ecológicos y ecosistémicos, afectando así la calidad y magnitud de los servicios ambientales. El concepto de biodiversidad puede ser descrito en términos del número, composición y distribución espacial de sus entidades (genomas, especies, ecosistemas y paisajes), por la variedad de funciones ecológicas e interacción entre sus componentes. Así mismo, la pérdida de los componentes de biodiversidad puede tener distintos efectos en el funcionamiento de los ecosistemas y por tanto en el suministro de servicios hacia la sociedad.

En la actualidad existe un amplio consenso en la comunidad científica acerca de la relación entre la biodiversidad y los servicios ambientales, según los autores. A través de estudios a diferentes escalas espaciales y temporales con grupos biológicos diversos se han demostrado las siguientes generalizaciones: a) la pérdida de biodiversidad afecta a las comunidades ecológicas al reducir su eficiencia en la captura recursos biológicamente esenciales, la producción de biomasa y el reciclaje de nutrientes, b) la biodiversidad incrementa la estabilidad de las funciones del ecosistema a través del tiempo, c) el efecto de la biodiversidad sobre los procesos de los ecosistemas no es linear ni saturador, de modo que el cambio se acelera a medida que se incrementa la pérdida de biodiversidad, d) las comunidades diversas son más productivas porque contienen más especies clave, las cuales influyen sobre la productividad y por las diferencias en los rasgos funcionales entre organismos que incrementan la captura total de recursos, e) la pérdida de biodiversidad a través de niveles tróficos (relativos a la nutrición) tiene el potencial de influir sobre las funciones de los ecosistemas incluso con mayor fuerza que la pérdida de biodiversidad dentro de niveles tróficos, f) los rasgos funcionales de los organismos tienen grandes impactos sobre la magnitud de las funciones de los ecosistemas.

La aproximación del estudio de los servicios ambientales puede ayudar a mitigar los efectos negativos sobre la biodiversidad debido a causas humanas, proponen los autores, porque a pesar de que el éxito de la conservación se mide en términos biológicos, en la práctica también implica un proceso social y político. También, es deseable establecer un marco conceptual que vincule la investigación y la gestión ambiental, para poder superar los modelos tradicionales en los que la sociedad y la naturaleza son gestionados de forma independiente.

En Morelos, debemos establecer vínculos entre los biólogos, ecólogos, técnicos ambientales, investigadores sociales, ingenieros y los gestores y tomadores de decisiones para trabajar de forma conjunta, reconociendo que nuestro bienestar y el de las futuras generaciones depende en buena medida de la integridad y el estado de conservación de los ecosistemas.

24 nov 2014

Economía circular

publicado en La Jornada Morelos el 24 de noviembre de 2014.
La idea de la economía circular, es una respuesta a la aspiración de crecer de forma sustentable, en un contexto de presión creciente ejercida por la producción y el consumo sobre los recursos y el medio ambiente mundial. Hasta ahora, la economía ha seguido básicamente un modelo de “tomar, producir y tirar”; es decir, un modelo lineal en el que todos los productos acaban llegando al “final de su vida útil”. Sin embargo, lo que solíamos llamar “basura” puede transformarse en un recurso.

            La Unión Europea (UE) publicó el documento “ECONOMÍA CIRCULAR: Conectar, crear y conservar el valor” (ISBN 978-92-79-37811-9, doi:10.2779/81146). Se muestra que la economía lineal, basada exclusivamente en la extracción de recursos, ya no es una opción viable y propone hacer una transición hacia una economía circular, donde se reutilizan, reparan, reacondicionan y reciclan materiales y productos ya existentes.

            El documento plantea que utilizamos materiales valiosos para producir alimentos, construir viviendas e infraestructuras, fabricar bienes de consumo o generar energía. Cuando esos productos se gastan —o cuando dejan de ser necesarios—, se tiran a la basura. Sin embargo, una población creciente y cada vez más rica ha hecho aumentar más que nunca la demanda de unos recursos escasos y está provocando la degradación del medio ambiente. Los metales, los minerales, los combustibles fósiles, los alimentos y forrajes, el agua limpia y la tierra fértil son cada vez más caros. Por ejemplo, en la UE, cada año se utilizan cerca de 15 toneladas de materiales por persona; al mismo tiempo, cada ciudadano de la UE genera, en promedio, más de 4.5 toneladas de residuos al año, de los cuales casi la mitad termina en tiraderos. Esto muestra que la economía lineal, basada exclusivamente en la extracción de recursos, ya no es una opción viable.

            Para hacer una transición hacia una economía circular, hay que volver la vista hacia la reutilización, reparación, reacondicionamiento y reciclaje de materiales y productos ya existentes, establece el documento. La mejor manera de entender la economía circular consiste en fijarnos en los sistemas vivos naturales, que funcionan de forma óptima porque todos sus componentes encajan en el conjunto. El diseño de los productos está deliberadamente adaptado a los ciclos de los materiales. Como resultado, se produce un flujo de materiales que conserva su valor añadido durante el mayor tiempo posible, con un residuo remanente prácticamente nulo.

            Las empresas tienen un papel muy destacado en la transición hacia una economía circular, asegura el documento. En el pasado, muchas empresas han favorecido productos con vidas útiles cortas, con actualizaciones frecuentes
y tecnologías novedosas “imprescindibles”. Ahora, las empresas pueden aprovechar nuevas oportunidades para alargar la vida de sus productos y crear productos competitivos que duren más.

En esta economía, el punto de partida para
desarrollar cualquier producto o servicio es un
diseño que integre la circularidad, identifica el documento. Los coches,
las computadoras, los electrodomésticos,
los envases y muchos otros objetos pueden
diseñarse teniendo en mente la durabilidad, la
reutilización, la reparación, el reprocesamiento
y el reciclaje. Una mayor cooperación dentro de la
cadena de suministro (y entre cadenas) puede rebajar
los costos, los residuos y el daño al medio ambiente.
Los avances en eco-innovación abren la puerta a nuevos productos, procesos, tecnologías y estructuras organizativas. Algunas empresas encontrarán nuevos mercados migrando de la venta de productos
a la venta de servicios, o desarrollando modelos de negocio basados en alquilar, compartir, reparar, modernizar o reciclar componentes individuales. Este nuevo planteamiento crea muchas oportunidades de negocio a las pequeñas y medianas empresas (pymes).

            La Plataforma Europea para la Eficiencia de los Recursos (EREP) ha identificado una serie de áreas prometedoras en las que las empresas deberían trabajar: en la mejora de la información sobre los recursos que contiene un producto y sobre cómo repararlo o reciclarlo, o en nuevos modelos de negocio y principios de adquisición sustentable. De la misma manera, se necesitarían nuevos marcos financieros que incentiven la circularidad y la eficiencia en el uso de recursos, en lugar del consumo antieconómico. Asimismo, debería explorarse el potencial del mercado de deuda, con el fin de ayudar a los inversores institucionales a invertir más en la economía circular, sin olvidar los pequeños proyectos y las pymes.

            Para todos los consumidores debería ser más fácil hacer elecciones sostenibles: más accesibles, más atractivas y más asequibles, señala el documento. En estas decisiones pesan muchos factores, como el comportamiento de otras personas, la forma en que se recibe información o consejo, o los costos y beneficios inmediatos de cada elección. El comportamiento de las personas también puede verse influido por cambios en el lugar de trabajo o en las infraestructuras que nos rodean. Se debe producir un cambio crítico en nuestra forma de pensar, que nos haga pasar de ser “consumidores” a ser “usuarios” o de querer cosas en “propiedad” a “compartirlas”. De este modo se podría generar más demanda de servicios relacionados con alquilar, compartir, intercambiar, reparar o re-manufacturar productos.

            La Comisión Europea trabaja en la creación de un marco que facilite la economía circular, mediante una combinación de leyes, instrumentos de mercado, investigación e innovación, incentivos, intercambio de información y apoyo a iniciativas voluntarias en áreas clave, indica el documento. Con el fin de acoplar todos estos elementos y vincularlos a la agenda de la eficiencia en el uso de los recursos, la EREP ha pedido a la UE que se marque un objetivo de mejora de la productividad en el uso de recursos superior al 30% de ahora al 2030.

En Morelos, debemos transformarnos en una economía circular. La función del Gobierno consiste en crear condiciones predecibles y seguras para las empresas, y en asegurarse que los ciudadanos perciban los beneficios derivados. Las empresas deben rediseñar por completo sus cadenas de suministro, con el fin de hacer un uso circular y más eficiente de los recursos. Así, se crearán nuevos mercados y más y mejores empleos, caminando a un desarrollo sustentable.

17 nov 2014

Calidad y relevancia en la investigación

publicado en La Jornada Morelos el 17 de noviembre de 2014

Reflexionar sobre conceptos como relevancia y calidad de la investigación, en particular la universitaria, presenta una primera dificultad, ya que se trata de conceptos que, por parecer evidentes por sí mismos, raramente son pensados con claridad. El punto es, justamente, que no son evidentes por sí mismos y, menos aún, obvios. Un conjunto de apreciaciones potencialmente divergentes sobre dichos conceptos deriva de las respuestas a preguntas como calidad y relevancia para qué y para quién; otro conjunto tiene que ver con quién contesta legítimamente las preguntas anteriores.

Judith Sutz, Universidad de la República, Uruguay, escribió el artículo “Calidad y relevancia en la investigación universitaria: apuntes para avanzar hacia su convergencia” que fue publicado en la Revista CTS, no 27, vol. 9, Septiembre de 2014. Este trabajo discute los conceptos de relevancia y calidad de la investigación universitaria, mostrando sus diversas acepciones y cómo estas se insertan en concepciones de universidad y también de desarrollo. Se detiene en la íntima asociación entre relevancia y demanda de conocimientos y las consecuencias que de ella se derivan. También describe dos instrumentos de política universitaria que buscan articular relevancia y calidad y muestran cómo opera la construcción simultánea de demanda de conocimientos y relevancia académica y social de la investigación.

Si nos restringimos al mundo académico la cuestión se simplifica, plantea la autora. La apreciación sobre la validez de los resultados de investigación, una aproximación muy directa al concepto de calidad, se realiza habitualmente a partir de opiniones razonadas de pares académicos. Así, para el juicio sobre la calidad de la investigación vale lo que se señala como característica de los resultados de la investigación científica: se trata de un consenso intersubjetivo entre pares. A nivel académico, calidad y relevancia tienden a confundirse en un único aspecto: hacer investigación de calidad importa porque hace avanzar el conocimiento; aspecto clave de la apreciación de calidad es que sea relevante para dicho avance; la calidad (y la relevancia) es reconocida por la comunidad de pares.

La autora señala que la independencia relativa entre calidad y relevancia, se evidencia con particular claridad cuando la investigación es mirada con una perspectiva no exclusivamente académica, es decir, cuando además de pares los que miran son “impares”. En el caso concreto de la investigación universitaria, los impares son, en primera instancia, los que en diversas esferas -política, productiva, social, cultural- buscan incorporar los resultados obtenidos a su reflexión y a su accionar. Estos resultados serán apreciados como relevantes por los diversos actores “impares” de acuerdo a variadas circunstancias, que incluyen la capacidad que tengan para utilizarlos, la utilidad más o menos directa que perciban que tienen para responder a sus inquietudes y problemas, el grado de participación que hayan tenido en la definición de los problemas a investigar y su involucramiento durante el proceso mismo de investigación.

Las respuestas a la pregunta “investigación para qué” fuera del ámbito académico han tendido a concentrarse en dos aspectos centrales, apunta la autora: crecimiento económico por una parte y toma de decisiones por otra. Que la investigación científica está en la base de las grandes avenidas de cambio tecnológico que desde mediados del siglo XIX han asegurado un crecimiento económico sostenido, al menos en los países altamente industrializados -viejos y nuevos-, es un punto aceptado. La cuestión de para quién es relevante la investigación está, hace ya algunas décadas, fuertemente presente en el debate académico, asociada al “con quién” se organiza el proceso de producción de conocimiento. Que la cuestión se plantee es ya un indicador del debilitamiento de la hipótesis de que nada hay para preguntar, pues la ciencia de calidad encuentra siempre, a partir de su propia agenda, el camino hacia las aplicaciones que darán satisfacción a toda la gama de “para quién”.

La investigación universitaria, en todas partes pero muy particularmente en el contexto de las universidades públicas latinoamericanas, requiere combinar diversos tipos de relevancia como los que hemos estado discutiendo -diferentes para qué, para quién, con quién-, afirma la autora. Las estrategias de investigación sin duda presentarán diferencias en el marco de la diversidad antedicha aunque probablemente no sean mayores que las que se observan entre los enfoques, modalidades de avance y formas de validación de las avenidas disciplinarias por las que transita la producción original de conocimiento. Esas diversas avenidas disciplinarias requieren y reconocen formas de evaluar la investigación de calidad -lo que resulta imprescindible para la empresa de investigación-; a la indagación que se realiza en conjunciones variables con espacios no académicos le ocurre lo mismo. La diferencia entre diversas modalidades de relevancia de la investigación no radica así en que algunas de ellas se someten a rigurosas formas de evaluación y otras no. Sin embargo, el meollo de la dificultad para articular en la agenda de investigación universitaria las diversas relevancias está precisamente en la evaluación de la calidad académica.

El sistema de evaluación en sí mismo tiene dos caras, identifica la autora. Una de ellas mira al pasado, a lo ya hecho, y opina sobre su calidad, sean resultados de proyectos de investigación, informes de actuación académica o artículos sometidos a publicación. Otra mira al futuro y actúa como un sistema de señales acerca de qué es lo que hay que hacer para producir con calidad y para ser un académico de calidad. En este último sentido en particular, los sistemas de evaluación académico a menudo entran en contradicción con la pluralidad de formas en que se expresa la relevancia de la investigación. La fuerte preeminencia dada a un formato privilegiado de presentación de resultados, históricamente dominante en ciertas disciplinas académicas resulta inadecuada cuando se trata de ampliar la agenda. Por una parte, porque no respeta la especificidad de otras corrientes disciplinarias que tienen tradiciones diferentes de comunicación, típicamente las ciencias sociales, las humanidades y las ingenierías. Por otra parte, porque no suele premiar el trabajo en colectivo, central en los abordajes interdisciplinarios y cuando se interactúa con otros.

Lo que vale la pena destacar es, propone la autora, que una vez que se acepta que la relevancia se construye con otros, la universidad puede avanzar muy poco en soledad. Se hace imprescindible en particular la participación activa y articulada de la política pública. En lo que tiene que ver con la inclusión social está apareciendo a nivel internacional una nueva gama de políticas de ciencia, tecnología e innovación que se preguntan cuál puede ser su contribución directa a la mejora de la calidad de vida de la población más postergada.

En Morelos, debemos establecer políticas públicas que se constituyan en demandantes activas de investigación e innovación para cumplir mejor sus fines, al integrar fluidamente un sistema de investigación e innovación inclusivo, que sea clave en la búsqueda de sociedades más justas.